Viejos son los trapos


La información corre vertiginosa.Ocurrido el acontecimiento levantamos los detalles en el lugar y conformamos la información en nuestras computadoras. Pero, por otra parte, corre también por la redacción con el impacto sobre cada uno de nosotros, como le pasa al lector cuando lee y se entera. Sin embargo, había una mezcla que no podía soslayarse y tenía que ver con el Mundial de fútbol y la instancia de cuartos de final que nos enfrentará con Alemania. Resultaban grotescas y casi tragicómicas nuestras lamentaciones por un luctuoso accidente con dos víctimas fatales y un rato más tarde imaginar la formación de nuestro equipo y cómo vencer y pasar a semifinales. Lo cierto es que me fui al Café de los Jueves en la nubosa tarde con una sensación ambivalente.
En el bar no había tanta gente como otras jornadas, pero mis amigos ya estaban en nuestra mesa predilecta. Freddy trajo el pedido y lo sirvió con la prolijidad de costumbre. Bernardo hablaba de los jubilados y las magras liquidaciones que recibían. Decía: «No se puede vivir con nueve ‘gambas’, no jodamos». Félix lo interrumpió y acotó interrogativamente: «¿Con cuánta guita vivís vos?» Omar metió su bocadillo también: «No se trata de cuestiones individuales o personales. Yo entiendo lo dicho por el amigo Bernardo. Conozco una jubilada que paga quinientos treinta pesos de alquiler, de modo tal que vive con diez pesos y monedas por día». Daniel terció: «El problema es más complejo que como se lo quiere ver. Se necesitan más aportantes. Al menos tres trabajadores activos por cada jubilado, cuando según dice el Gobierno apenas llegan a uno y medio». «Sí, de acuerdo –dijo Bernardo–, hay que blanquear más trabajadores, pero en lo inmediato y a pesar de la movilidad jubilatoria no alcanza para una subsistencia digna. Si este gobierno está protegiendo la niñez, como tanto señala Félix, hay que hacer lo propio con los viejos. La tercera edad –continuó– no sólo nos pone al final del camino, sino que nos saca del mercado consumidor, nos deja sólo en el de los medicamentos –enfatizó con hilaridad– y como no somos compradores compulsivos de ropa, zapatos, carteras, computadoras ni tecnología de punta, ni nos tienen en cuenta» . Félix se movía inquieto en su silla y esperó el momento de decir lo suyo. Finalmente llegó: «Que la oposición exija una actualización extrema es una de las viejas argucias de quienes tienen más ánimo de obstaculizar que hacer un aporte valedero. Yo acuerdo con vos Bernardo, que nadie puede sostenerse con esas migajas, pero hay que analizar de dónde van a salir los fondos». Bernardo estuvo a punto de interrumpir, pero Félix se anticipó: «Claro que los fondos de la ANSES son muchos y se supone que deberían alcanzar largamente para arrimar una suma más apetecible, pero son muchos los agujeros que hay que tapar. Pero imaginemos a este Gobierno pidiendo más retenciones, más gravámenes por la renta financiera, mayor porcentaje por ganancias, etc.».»Como sea –dijo Bernardo enardecido–, pero resulta muy triste ver a ancianos que no pueden tomar un café o fumar un cigarrillo. Se trata de nuestros viejos y por más que argumentes no me vas a convencer que no se puede hacer más». José, que se había mantenido callado como buen jubilado que se rebusca el ‘bullón’ con las clases de tango, propuso un brindis que nos sorprendió porque nadie había reparado en la fecha. «En memoria de un gran viejo: Juan Perón, que nos dejaba hace treinta y seis años». Hizo una pausa y agregó: «Antes de morir pronunció un vaticinio de gran estadista: ‘El año dos mil nos encontrará unidos o dominados’ . Apenas le erró por diez años». Brindamos. Daniel bromeó: «Pero querido José, si en esta mesa nadie se pone de acuerdo. ¿No se habrá equivocado» Hubo otra ronda y el tema se fue para el balompié, la celeste y blanca y las vuvucelas.

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