
Por Crates
La siesta, esa inveterada costumbre que heredamos de nuestros «colonizadores» españoles, no tiene época más propicia que el verano. Y si es tan tórrido como el que estamos padeciendo, mucho mejor. Después de esos almuerzos en los que renegamos de todos los consejos que nos endilga casi a diario el omnipresente Dr. Cormillot, ¿qué otra cosa más placentera que una reparadora siesta? Una siesta como la que se prodigaba el bon vivant que fue Camilo José Cela, quien afirmaba que «una siesta sin pijama no es siesta ni es nada». Una siesta contundente, con convicción, que de eso hablamos. Una siesta equivalente a la que parece que practican algunos funcionarios de nuestra administración local. ¿Hay que desmalezar y cortar el césped del boulevard de la Ruta 4?
Pues dejemos que lo hagan los muchachos del Rotary, siempre tan voluntariosos. ¿Hay que empezar a tomarse en serio el tema del uso obligatorio de casco por los motociclistas? Ya pensaremos algo para el otoño, ya que con este calor resulta incómodo. ¿Se debe tomar alguna medida excepcional para recoger la basura, ya que el camión compactador está averiado un día sí y otro también? Pidamos paciencia y comprensión en el informativo de la tele local y demos por cumplido el trámite, mientras el pueblo huele peor que Wilmor y proliferan a sus anchas insectos y roedores sin preocupación alguna. ¿Se puede hacer algo ante los frecuentes cortes de luz a los que periódicamente nos somete EDEN? Sí, por supuesto, dejemos que el Intendente se reúna con sus capitostes y les conmine más o menos amablemente a que hagan las inversiones que no hicieron para ofrecer un servicio eficiente, mientras nadie se hace cargo de las pérdidas que tales interrupciones han provocado a decenas de usuarios particulares, comerciales, industriales y a productores rurales. ¿Correspondería que se hiciera alguna gestión para que se reparen con urgencia los tremendos baches de la Ruta 6, que ya se han cobrado unas cuantas víctimas? Es un asunto de competencia de Vialidad Nacional o Provincial, con cuyos responsables se hablará alguna vez; por el momento nos limitamos a aportar los muertos y heridos. Es verano y hace un calor espantoso, lo mejor es dormir la siesta.
El cínico de George Bernard Shaw decía, hablando de calor (pero no del que sufrimos estos días), que «El calor de una discusión es inversamente proporcional a la importancia del motivo que la provoca». Entre nosotros ni siquiera es así. Aquí no discute nadie, aquí nadie suma acaloramiento a la sensación térmica, ni siquiera para tratar asuntos menores que pudieran dar lugar a discusiones encarnizadas. Ni qué decir sobre temas de mayor enjundia, como podrían ser los citados. Los único que parecen no haber advertido que estamos en época de siesta son los muchachos de FE, que con su inefable «Andresito» Aner a la cabeza andan planteando extraños asuntos para ser debatidos en un Concejo Deliberante que también tiene derecho, emulando a muchos funcionarios municipales, a dormir una reparadora siesta.
Por nuestra parte, permítasenos un sonoro bostezo. Hasta la próxima.