La Semana Ya

Seriedad

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El caso de los 33 mineros atrapados en las entrañas de la denominada Mina San José, en medio del árido desierto de Atacama del norte de Chile, y de su feliz rescate, ha sido el centro de atención de todo el mundo. Desde la Argentina lo hemos contemplado, en muchos casos, con un cierto dejo de envidia, en tanto que desde las máximas autoridades del país hermano hasta los propios mineros evidenciaron su extraordinaria capacidad de organización, rigor profesional y eficiencia . No son estas –mal que nos pese– virtudes muy frecuentes entre nosotros, aún teniendo ambos países parecido origen, una historia muchas veces coincidente y sociedades de similar conformación. De haber tenido nosotros que enfrentar una situación equivalente, «todavía estaríamos aguardando una orden judicial para entrar en la mina», ironizaba un conocido humorista en estos días. Sin suscribir su opinión literalmente, es fácil imaginar que estaríamos inmersos en discusiones de todo tipo, acusando a probables responsables y postergando las reclamables y obvias soluciones, cuando en el caso chileno el orden de los factores fue exactamente el contrario, alterando positivamente el resultado en tiempo y forma.
Si realmente lográramos organizarnos como comunidad con básica coincidencia de intereses debidamente amparados por la ley, estaríamos alumbrando un país distinto, por lo menos equiparable al que hoy envidiamos. Lo contrario –tal como viene sucediéndonos– es consagrar una suerte de sociedad anárquica constituida por individuos que priorizan sus propios intereses personales, muchas veces en colisión con los del conjunto de la sociedad. Son comportamientos que están en la raíz de los múltiples problemas que padecemos, desde las prácticas políticas signadas por el encono y la intolerancia, hasta los altos índices de siniestralidad que se registran en el tránsito vehicular.
Estemos dispuestos o no a reconocerlo, tampoco nuestras leyes y códigos de procedimiento han determinado un generalizado cambio de conductas que terminen favoreciendo la convivencia. Seguimos siendo especialistas en transgredirlas; pero en las autoridades de aplicación también se observa una laxitud que bien pudiera considerarse cómplice.
Quizás el introito haya resultado útil para referirnos a un hecho reciente sucedido en nuestro medio que hasta aquí no ha merecido, por lo menos, su tratamiento periodístico. En nuestro inmediato entorno, aunque en jurisdicción de Campana, se ha desarrollado un complejo turístico-habitacional conocido como La Reserva Cardales, que incluye un grupo de viviendas de alto standing y el hotel de cinco estrellas Sofitel. Su propietario es Frali S.A., de la conocida familia Frávega. Pues bien, de la noche a la mañana y sin que sus dueños consultaran a las autoridades pertinentes, ese inmenso predio ha quedado oculto tras un muro metálico que bordea la Ruta 4. El paisaje ha quedado alterado radicalmente; en lugar de su frondosa vegetación, desde el exterior sólo se ve esa estructura con alambre de púa en su parte superior que con alguna torre de vigilancia incluida «para más inri», nos remite al aspecto de un campo de concentración. En este caso, un campo de concentración para ricos. Concretamente: los Frávega nos han hurtado el paisaje.
¿Qué dice la ley? Son de aplicación, por lo menos, la Ley Nº 12.837, el Decreto-Ley 8.912/77 de Ordenamiento Territorial y Uso del Suelo, y el Decreto 27/98, que en su artículo 3º, inciso e), dice lo siguiente: «e) El cerramiento del perímetro deberá ser transparente y tratado de manera que no conforme para el entorno un hecho inseguro, quedando expresamente prohibida su ejecución mediante muro aún en condiciones de retiro respecto de la línea municipal». ¿Está claro? Los Frávega simplemente lo han ignorado.
Pero parece que esta vez el Municipio de Campana, ya que el asunto es de su directa competencia, tomará cartas en el asunto. Hasta ha trascendido que su Concejo Deliberante promulgaría una nueva ordenanza aún más concreta y severa que las citadas normas en vigencia. Si es así, todavía podremos abrigar la esperanza de convertirnos en un país más serio, más riguroso, como para que no envidiemos tanto a nuestros hermanos trasandinos.

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2 Responses to Seriedad

  1. gladys Garcia octubre 18, 2010 at 9:40 pm

    Muy buena la nota, principalmente con respecto al muro metalico de Sofitel y la ley 12.837, ahora nos gustaria saber el proximo sabado que contesta el municipio al respecto. Se las dejo picando, saludos

  2. Charly octubre 20, 2010 at 5:47 pm

    Que diría el Sr. Otamendi si viera lo que hicieron con lo que él donó para El Menor y La Familia, y para colmo siguen y siguen usurpando el predio ese, como el megaproyecto Wines detrás de Sofitel…. bueeee así estamos…

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