Roles

La presencia en Capilla del Señor del Ministro de Justicia y Seguridad de la Provincia, Ricardo Casal, ha dado lugar a las más diversas opiniones, desde aquellas que destacaron positivamente su encuentro con la familia Gianfelice y el expreso apoyo a quienes intervienen en la investigación del hecho que conmocionó a nuestra comunidad, hasta aquellas otras que censuraron su actuación durante la breve conferencia de prensa que ofreció tras el citado encuentro, al que también asistieron el Intendente Errazu, sus inmediatos colaboradores y el presidente del Concejo Deliberante, Adrián Sánchez.
Aún admitiendo que la alevosa agresión sufrida por los vecinos Ricardo y Carlos Gianfelice ha contribuido a crispar los ánimos en orden al candente problema de la inseguridad, quizás resulte oportuno reflexionar serenamente sobre ciertas actitudes asumidas por quienes de algún modo han participado en el episodio al que hacemos referencia. Es difícil entender, por ejemplo, por qué se le negó asistir a la reunión en el despacho del Intendente a la titular del bloque opositor de FE, Paula Faure, toda vez que sí había sido invitado a hacerlo al líder de su grupo político, Andrés Aner, quien decidió no concurrir. Por lo menos se trató de una descortesía que determinó la comparecencia de la concejal en la posterior reunión que el Ministro mantuvo con los informadores locales. Sin embargo esta no era la ocasión para que la edil confundiera su rol con el de un periodista más; su intervención estuvo manifiestamente fuera de lugar.
En principio, la conferencia de prensa puso en evidencia la escasa profesionalidad de quienes teóricamente debieron organizarla. Dado el escaso tiempo del que disponía el Ministro Casal –debía concurrir a un acto oficial en La Plata–, resultaba del todo aconsejable la actuación de un moderador que ordenara las intervenciones de los representantes de los medios locales. Pero no fue lo más grave.
Lo que merece, a nuestro entender, un comentario más severo y que debe ser interpretado como autocrítico, fue la actitud de algunos informadores empeñados también en confundir sus roles. Buena parte de la reunión fue transmitida a posteriori por la televisión local, por lo que cualquier espectador coincidirá en que se trató de un show bastante más parecido a los que a diario nos prodigan los Jorge Rial, Viviana Canosa, Marcelo Polino y otra multitud de presuntos periodistas, quienes han instalado un «estilo» cada vez más distante de las exigencias de la información y más próximo a las del mero espectáculo, con el escándalo como necesario ingrediente. En el que, además, el entrevistador –y no el entrevistado– se convierte en protagonista.
Aunque pareciera que lo hemos olvidado, el periodista es un mediador. Ni más ni menos. Es quien cumple la indispensable labor de «puente» entre el hecho noticiable y sus receptores; es su transmisor. Y ello no le impide, sino todo lo contrario, que una vez transmitida la información formule su análisis crítico sobre la misma. Pero esa es la secuencia y no al revés, si es que entendemos la verdadera naturaleza de nuestra profesión.
El Ministro Casal terminó ofuscándose y dando por concluido el encuentro –y eso también es reprobable–, habiendo asistido a una inusual sucesión de exposiciones de opinantes, antes que de legítimos interrogadores. La pretendida conferencia de prensa no fue más que un debate más propio del ámbito institucional y deliberante. O la poco feliz réplica de algún programa televisivo al uso, en los que el show es lo importante y lo de menos sus contenidos. En cualquier caso, hubo una visible confusión de roles.

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