
La alegría que estos días ha venido templando el ánimo del conjunto de la sociedad argentina, se ha visto empañada en nuestro medio –y particularmente entre los profesionales de la salud de nuestro Hospital San José– por dos dolorosos sucesos. Fallecieron dos bebés cuyo alumbramiento se había producido en nuestro querido centro hospitalario municipal, ambos en sus respectivos domicilios. El más pequeño de ellos, de apenas un mes de edad, fue víctima del fuego originado por una chispa desprendida de una salamandra muy próxima a su cuna. Sucedió estando su madre ausente, mientras que su padre había quedado, se supone, a su cuidado. El asunto está en manos de la Justicia, donde se trata de establecer la posible responsabilidad del progenitor, por el momento imputado en la causa incoada por «homicidio culposo», tal como se refiere en la crónica del lamentable suceso que hoy publica La Semana.
El otro niño fallecido tenía nueve meses. La Dirección del Hospital ha evitado hasta el momento informar con mayor amplitud sobre las verdaderas causas de su deceso, pese a adelantar que en principio se estima que pudieron concurrir una variedad de factores. Por supuesto que también ha confirmado que se está desarrollando una investigación e instruyendo el procedente sumario. Pero distintas fuentes del propio Hospital han coincidido en señalar que la víctima presentaba manifiestos signos de severa desnutrición. Señalan, además –con consternación y dolor– que después de egresar del Hospital sus padres (o uno de ellos) no sólo no registraron su nacimiento, tal como es preceptivo, sino que no concurrieron a ninguno de los controles a los que se somete obligatoriamente a todos los recién nacidos. De confirmarse tales supuestos, como todo pareciera indicarlo, surgen algunos obvios interrogantes: ¿Es posible que a un niño nacido en un hospital público no se le identifique debidamente ni se proceda a extender la documentación que dé fe de ello? Cuando los padres no cumplen el protocolo establecido para la atención del niño en las semanas posteriores a su nacimiento, ¿qué medidas adopta el Hospital en que se ha producido su alumbramiento? ¿Los servicios sociales del Hospital San José tienen competencia para intervenir de algún modo cuando se produce tal falta de atención a un recién nacido?
Sin duda que sería imprudente deducir en esta instancia que se han producido negligencias o falta de cumplimiento de normas por parte de los estamentos competentes en la materia del modélico nosocomio exaltacrucense. En todo caso de ello se podría imputar a los padres de la criatura fallecida, aunque también resultaría una ligereza sin conocer los motivos de su conducta; la miseria y la marginalidad –si este fuera su caso, como aparentemente lo es– suelen provocar comportamientos poco explicables desde otros niveles sociales. Pero de lo que no cabe duda alguna es que la Dirección del Hospital está obligada a informar pormenorizadamente a la comunidad de lo sucedido.
Al fin y al cabo, esas dos criaturas también nos pertenecían, eran dos miembros más de nuestra sociedad, que por serlo gozaban de todos los derechos inherentes a la protección de sus vidas y salud. Sería muy grave concluir que hubo quienes no supieron garantizárselos por descuido, omisión o falta de cumplimiento de sus responsabilidades.
Una vez más, queremos saber, exigimos saber.