Progresista


No son pocas las irregularidades constatadas por la Dirección provincial de Personas Jurídicas en el Club Progresista de Los Cardales, que la determinaron a intervenir la que fuera una de las instituciones sociales y deportivas más entrañables de la comunidad local. Desde su «grave desorden administrativo» (hacía diez años que su comisión directiva no le rendía cuentas a nadie), hasta la inexistencia de un registro de socios, pese a que algunas decenas de ellos han continuado pagando puntualmente sus cuotas.
El 5 de diciembre de 1999 celebró su última asamblea y a partir de entonces la cúpula directiva presidida por Juan Candia fue desgranándose hasta quedar en las solitarias manos de su tesorera, Liliana Orellano, las responsabilidades inherentes al funcionamiento de la institución. El tercero del trío con uso de firma por ser el Secretario, Roberto Lynch, hacía varios años que no ejercía como tal, lo que no fue óbice para que celebrara personalmente algunos acuerdos con eventuales concesionarios de algunos servicios que el Progresista siguió ofreciendo, bien que tercerizándolos. Curiosamente, ni Candia ni Lynch, como tampoco lo hicieran los demás integrantes de la vieja comisión directiva, presentaron formalmente sus renuncias, por lo que, en teoría, no cesaron sus respectivas responsabilidades, como lo hubiera sido convocar en tiempo y forma a las asambleas y proceder a la renovación de autoridades, como estatutariamente estaba dispuesto.
¿Mala fe? Imposible acusar de ella a caracterizados vecinos sobre cuyas conductas sería injusto arrojar cualquier manto de sospecha. ¿Desidia? Sin duda. La misma, en definitiva, que la de la comunidad cardalense, que dejó languidecer a la institución sin hacer nada ni cuestionar actuaciones personales, por lo menos irregulares. Porque habrá que convenir que concesionar el restaurante que funciona en sus instalaciones –sin la debida habilitación municipal–, el sector de las canchas de fútbol o la pileta de natación, requería ciertas formalidades no cumplidas. Tampoco ha sido muy normal que la cesión ocasional o el alquiler de las instalaciones del club quedaran al arbitrio de una sola persona –la tesorera–, una de cuyas actividades comerciales es el alquiler temporal de mesas, sillas y vajillas utilizadas comúnmente en celebraciones realizadas en la propia institución.
Todo ha sido muy desprolijo. Incluyendo los gastos atendidos con recursos económicos del club después de anunciarse su intervención, tras la inspección del organismo provincial competente solicitada por el Senador Ricardo Bozzani.
La tarea del interventor, Aldo Venturino, no será fácil. Tiene un estrecho margen de maniobra, siempre bajo la tutela de la Dirección de Personas Jurídicas y de la autoridad jurisdiccional. Podrá poco más que recopilar la documentación que sustente de manera fehaciente las incidencias económicas sucedidas durante la última década, abrir una suscripción de nuevos socios y convocar a la asamblea general, que aprobará o no la actuación de sus antecesores y procederá a elegir una nueva comisión directiva. A sus integrantes les corresponderá dar nueva vida al tradicional Club Progresista. Pero esto sucederá si la comunidad cardalense decide participar activamente. De lo contrario, ese espacio seguirá siendo ocupado –cumpliendo ciertas formalidades mínimas– por quienes han creído ser sus propietarios o, simplemente y por desidia, lo han llevado al borde de su desaparición.
Entre todos podremos recuperar una institución llamada a cumplir un importante papel social, deportivo y cultural que hoy, quizás más que nunca, resulta indispensable en Los Cardales.

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