
Por Crates
Hay un género literario de bastante éxito en estos tiempos: la autobiografía. Pululan en todas las mesas de librerías de ocasión, una vez superada su efímera “gloria”, que suele corresponderse con su etapa de promoción a través de la tele. En general son bastante detestables. Se caracterizan por los exaltados elogios que sus autores suelen prodigarse a sí mismos, bien por su directa autoría –los menos– o mediante la común intervención de amanuenses especializados en tales menesteres tras renunciar a su identidad en favor de quien los contrata.
Las memorias –de las que hay magníficos e indispensables exponentes en la historia de la literatura–, hoy también han caído en los vicios de las más pedestres autobiografías. Resultan ser con excesiva frecuencia verdaderas trampas para enmascarar lo que en realidad les interesa a sus autores: aparecer como personajes impolutos, libres de toda sospecha, de excelsas virtudes y además prestigiados por su proximidad a otros importantes personajes, habitualmente muertos y por ello incapaces de rebatirlos. A decir verdad, tampoco en vida lo harían.
Este género –o los dos– también tiene sus cultores entre “colaboradores” de los medios de comunicación, en particular la prensa. No son periodistas, ni intelectuales de reconocida valía, ni siquiera “opinólogos”, universales o especializados, de los que también abundan en los medios. Antes bien, son una suerte de superficiales oradores de velorios y entierros, reconvertidos en columnistas. Es muy difícil eludir su presencia, pues nunca se sabe muy bien si son o pueden llegar a ser auténticos próceres (la memoria colectiva no es necesariamente justa).
A la “brillante pluma” de alguno de ellos se deben los encendidos panegíricos dedicados a un personaje de triste memoria para los cardalenses: Luis María Migliaro (Q.E.P.D.), que fuera Intendente Comisionado de Exaltación de la Cruz. Nadie olvida por aquí que fue suya la iniciativa de cobrar por adelantado la instalación de una red de gas que jamás pasó de ser una vana promesa. Como tampoco se supo jamás adónde había ido a parar el dinero que los vecinos aportaron. A su vez, quien sería su sucesor, el histórico e incombustible caudillo local Agustín Petrucelli (Q.E.P.D.), tampoco logró materializar el proyecto, ni devolver el dinero a nadie. Eso sí, en el prolongado mandato de Migliaro durante los gobiernos de facto, proliferaron las obras públicas en su pueblo, Capilla del Señor, donde residía su mayor caudal de adherentes, que no de votantes. Con ello logró acentuar el encono –por el agravio comparativo– entre “cardaleros postergados” y “capilleros beneficiados”. Un sentimiento en alguna medida de tonta vigencia, ya que con el correr de los años similares imputaciones cambiaron alternativamente de destinatario. Reprobable y sin mayor sentido, en cualquier caso, aún constituyendo parte de nuestro folklore.
Para concluir, una cita al modo de los “colaboradores cultos”. Es de Quintus Curtius Rufo, el historiador romano exégeta de Alejandro Magno: “Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos”.
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Al fin alguien que dice las cosas por su nombre… El anciano Adalberto Aner haría bien en dejarse de decir macanas. Sería mucho mejor que explicara sus propios manejos en la intendencia para quedarse con terrenos ajenos en complicidad con otros “próceres”, asunto que todavía está por aclararse.
No se quien es Crates, pero escribe fenómeno. Me parece muy bien que le saque la careta a unos cuantos próceres que me tienen harta con sus hipocresías. Despues terminan todos juntándose en el palco. Jajajaja…
Che carbonero, no sigas haciendo mérito, el pasaje al Aberno ya lo tenés desde el nacimiento.–
Cada día más cerca.-
Hay que ser trasnochado para elogiar a un tipo que se pasó la vida apoyando a los milicos, como fué Migliaro. O es que el demócrata Aner también tiene su corazoncito de ese lado?
No sabía lo del ex-intendente Migliaro porque no vivo en Cardales. Pero me sorprende que otro intendente (que fue elegido por el pueblo) lo elogie. Sin quererlo está haciendo un aporte para que cada día nos desencantemos más de los políticos. ¿O es que los muertos son todos respetables y dignos de alabanzas? Además Aner haría bien en explicar porque lo procesaron por sus negocios sucios en su etapa de intendente, antes que andar repartiendo flores a colaboradores del Proceso. Es posible que esté pensando que al morirse él alguien lo exculpe con discursos parecidos a los suyos.