La Semana Ya

Por lo bajo

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Cabaret, tropezón y la vieja rutina, pucherito de gallina con viejo vino Carlón”, tarareaba por lo bajo, impostando guturalmente la voz de Edmundo Rivero, José, cuando me senté en mi silla del Café de los Jueves. En medio de las disputas de cada semana Bernardo trinaba como cada año cuando el frío comenzaba a apretar. “¡Cinco mangos el litro de kerosene, sesenta los cien de quebracho y más de tres el litro de gas envasado! Llenar el garrafón me produce urticaria. Cada año prendo una estufa menos y me pongo un pullover y un calzoncillo largo más”. “Hay que pasar el invierno”, ironizó Félix, recordando el afamado consejo de Álvaro Alsogaray cuando fue Ministro de Economía, allá en la década del sesenta. “Vivimos en un Partido donde hay habitantes de primera y de segunda. Tanto en Capilla como Cardales tienen Internet con banda ancha de un mega, gas natural y televisión por cable, mientras en Parada Robles si no te abonas a DirecTV no ves nada y la banda ancha de la cooperativa solo tiene la mitad de ‘potencia’ y llega apenas a algunos barrios, incluso a partes de algunos de ellos. Vale decir que hay ciudadanos de primera y segunda dentro del mismo barrio. ¿El argumento de la cooperativa? Muy simple. No tienen par telefónico y si lo queres igual y pronto te cambian el número de teléfono, lo que te crea un problema de comunicación con quienes te tienen ‘agendado’. Por otra parte, si te abonas con un pendrive a Personal u otro sistema por el estilo no siempre funciona por el alcance de las antenas y además te cuesta un huevo… de gallina”. “Porqué no te mudas a Escobar que la Presidenta inauguró ayer una conexión gasífera para el puerto y la ciudad”, siguió Félix con las chanzas. “Decile a tu Presidenta que hable con el Intendente de aquí y le sugiera poner en marcha obras para que los habitantes pobres de los barrios Arturo Mateo u Olmo Viejo no dejen la vida cada invierno cargando dos litros de kerosene o anden buscando ramitas para el bracero. Decile a tu Presidenta que ponga en marcha las leyes que correspondan para que desde aquí, a cien kilómetros de la Capital Federal, no sigamos financiando el gas y la luz de ellos, que viven en departamentos con loza radiante y tienen todas las hornallas encendidas en invierno porque pagan sesenta mangos cada dos meses. Decile a tu Presidenta que instruya las órdenes para que la Ruta 8 sea una realidad de una vez por todas y no sigan cobrando el oprobioso peaje que están cobrando por nada”. Bernardo, embalado, hizo una pausa, nos miró por arriba de los lentes y prosiguió: “También decile a tu Presidenta que les diga a las autoridades locales que reclamen viviendas para la gente de aquí que no tiene, como hicieron las autoridades municipales de Ezeiza, que consiguieron 84 unidades. Que se reúna con la empresa GasBan o la que sea para que extienda la red de gas natural y cobre por frente y los que no quieren o solo tienen el lote vacóo, terminen pagando cuando vendan o intenten conectarse a la red y que ellos financien, la Municipalidad, para luego recuperar la inversión y no obliguen a que una familia tenga que pagar por cada frente hasta el suyo, dinero que jamás van a recuperar. Sí, como ustedes sostienen, la Presidenta nos seguirá gobernado por cuatro años más, pues que se plantee hacer de los ferrocarriles un medio de transporte como lo fue alguna vez. Que las estaciones de trenes sean un lugar de arribo y partida, de sueños, como alguna vez lo fue. Aquí y en cada punto del país. Miles de puestos de trabajo para los amantes del tren, que son muchos. Y para los que transportan mercancías y no tendrán que pagar costosos fletes, que finalmente terminamos pagando los consumidores”. “Tranquilo, pibe, tranquilo. Sohoo…”, dijo Félix, quien había escuchado con mucha atención los reclamos de Bernardo: “Que ella lo va hacer. Y va hacer mucho más. Porque su fuente de inspiración es la oposición. Baste verla y escucharla para continuar andando el camino. Dios nos libre si ese rejuntado llegara al poder. Chau retenciones. Chau sistema cambiario controlado. Chau integración latinoamericana. Chau jubilación en manos del Estado. Y chau Asignación Universal por Hijo y mujeres embarazadas, chau aumentos jubilatorios automáticos, dos por año, más los plus. Chau jubilación para los que no pudieron aportar. Y tantos otros chaus”. “…unos esperan la ‘mina’ pa’ tomar el chocolate, otros factura con mate y el raje para el colchón”, siguió José con la impostación de Rivero, siempre por lo bajo.

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