Participación

El Gobierno nos tiene acostumbrados a los eufemismos. No hay inflación, sino actualización de algunos precios; no hay corrupción, sino campañas difamatorias de ciertas corporaciones; no hay inseguridad, sino cierta «sensación» provocada por los medios periodísticos. El problema es que la realidad está reñida con los eufemismos. Y estos adquieren categoría de peligrosos cuando fundamentan medidas presuntamente correctoras, que por lo común naufragan en estrepitosos fracasos.
El tema de la inseguridad es paradigmático. Es un prioritario problema de todos, tal como lo revela cualquier encuesta, y es obvio que su solución requiere la más amplia representación social posible. Así lo entendió en su momento el vilipendiado León Arslanian, titular de la cartera provincial de Seguridad hace ocho años, cuando institucionalizó la policía comunal y los foros municipales de seguridad, integrados por representantes de las administraciones locales, organizaciones no gubernamentales y entidades intermedias de la más diversa naturaleza de cada uno de los Distritos de la Provincia. En la letra impresa siguen estando vigentes, pero en el caso de Exaltación de la Cruz –como en el de muchos otros municipios bonaerenses–, del Foro sólo se acuerdan cuando algún episodio delictivo de particular gravedad conmociona la normal tranquilidad de nuestros pueblos, que cada vez es menor. Es ocasión entonces de pronunciar discursos, enunciar estadísticas que teóricamente puedan aminorar la alarma pública y recordar que las soluciones deben provenir de la colaboración de todos.
Pero lo cierto es que si bien el Foro de Seguridad de nuestro Distrito está constituido formalmente, el poder político lo viene «ninguneando» sistemáticamente. La cultura política en buena medida aún imperante en nuestro país es refractaria a la participación popular, por más que se declame lo contrario. Antes bien, responde a una concepción conservadora y elitista que determina que quien gobierna «manda». Y en consecuencia toda deliberación o debate social provoca irritación.
Hay un dato que resulta muy significativo: el Foro de Seguridad exaltacrucense nunca ha tomado conocimiento –y por ello no ha tenido oportunidad, por lo menos, de debatir y eventualmente avalar– los sucesivos planes de seguridad desarrollados en nuestro medio. Algunos de sus miembros así lo afirmaron ante los familiares de los infortunados hermanos Ricardo y Carlos Gianfelice. Es indudable que se estaban refiriendo, por ejemplo, al que en su momento elaboró Alberto Bardelli siendo titular de la Secretaría de Seguridad. O al que está actualmente en vigencia, porque queremos creer que la instalación de cámaras de video monitoreadas desde un centro de control, la adquisición de diverso material utilizado por la policía comunal, el diseño de sus cotidianas actividades y la presumible coordinación con la policía provincial, responden a un plan que debe estar escrito en alguna parte, aunque su autoría resulte desconocida.
Quien lo conoce, como es obvio, es el Intendente y quizás sus fieles coreutas en el Concejo Deliberante: el Poder que «manda». Ese poder tan poco afecto a atender otras razones que las propias, el mismo a quien le atemoriza la posibilidad de escuchar las voces de sus vecinos en el recinto legislativo local o que desconoce u olvida con evidente intencionalidad lo dispuesto por la Ley de Seguridad Pública Nº 12.154. Aunque a la hora de los discursos siga reclamando la participación de todos.

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