La Semana Ya

Nadie muere en las vísperas

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Las cínicas editoriales que esta semana publicaron los medios de mayor tirada nacional,
ante la noticia de la salud del ex presidente Néstor Kirchner, escritas por mentes
estrechas y ‘jibarizadas’ por el odio, muestran a las claras cual es la lucha, que a lo largo
y ancho del país cruza, como un viento huracanado. Ya no hay trincheras, casamatas ni
aguantaderos, hoy hay redacciones. Ya no hay fusiles, ametralladoras ni granadas, hay
teclados y computadoras. Hoy las ideas se deben disputar enunciándolas. Aquel grito
de “Bárbaros, las ideas no se matan” tenía un tácito agregado: Se aboyan los cerebros
que las contienen. Hoy ya no existe aquella posibilidad, tan recurrente, que nos privo de
una Nación durante cincuenta años. Nos privo de la libertad y del conocimiento. Nos
tiro, al cuarto de los trastos, lo que nos hubiera dado una apertura mental y una visión de
la realidad que hubiera hecho que varias generaciones alcanzaran la alegría necesaria
para transformar la vida. No son solo los muertos y los desaparecidos. Es también la
agonía de los que seguimos viviendo como fantasmas. Los que soñamos con el retorno
de las instituciones a principios de la década de los 70’ y que nos fuera arrancada so
pretexto de la Reorganización Nacional. Lo hicieron en el 30’, lo repitieron en el 55’ y
lo volvieron hacer en el 76’. No fueron solo los militares y el poder de fuego y la
tortura. Fueron los dueños del poder económico los que alentaron a estos. Y fue,
también y hay que decirlo, una dirigencia política pusilánime que les abrió la puerta. En
ese rincón del cuadrilátero están todos ellos. La historia les hizo tirar la toalla. Ya no lo
harán más. Tendrán que poner las ideas sobre la mesa. Deberán decir que país quieren.
Que derechos e igualdades van a proponer y respetar. No podrán exponer un discurso
para la ‘gilada’ y articular políticas solo para ellos. Ya no podrán acallar las voces y las
ideas. Cuando uno se pregunte qué le dirán a sus hijos, si acaso estos preguntaran,
usaran el mismo argumento que se uso el la película Missing (Desaparecidos) de Costa
Gavras, cuando ante el reclamo de un padre americano sobre qué hicieron los
diplomáticos para defenderlos la respuesta fue contundente: Nosotros hacemos el
trabajo sucio para que usted viva con los mejores estándares. No tienen ideas ni sueños
solo dinero. No defienden un sueño igualitario y una vida para todos. Solo dinero en
grandes cantidades para ellos. Deforman y tergiversan, pues la palabra es un cuchillo de
doble filo. No es allí donde advertiremos sus miserias sino en la sutileza del estilo.
Pregonan lo que no hacen ni harán. Tienen cargos y tienen nombres y apellidos. Solo
hay que recordarlos. Son tan efímeros como sus deseos. Se creen eternos pero retornaran
a la nada de donde provienen. Dejarán su huella, claro, como las han dejado los
malditos.
Las ideas y los procesos que otorgan derechos a las capas sociales menos afortunadas
perdurarán más allá de nuestra pequeña existencia. Baste no peder el camino ni
distraernos con senderos bifurcados. No hay vuelta atrás.
“Los muertos que vois matáis gozan de buena salud” *

* De “Don Juan Tenorio”. José Zorrilla. 1844.

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