
[Por EHL]
Todos tuvimos, en la edad correspondiente, la «barra de la esquina» Se caracterizaba como sabiamente describe la canción del catalán Serrat: La manga de atorrantes que «Orinan en mitad de la vereda, contestan sin que nadie les pregunte y juegan a los chinos sin monedas». Entre ellos se destacaba, siempre y en cada una de ellas, ya que en cada esquina había una, el más pensante y racional. El más graciosos y ocurrente. El «vago», tipo fatigoso y poco propenso al «laburo», pero dispuesto y solidario, y el audaz bromista. Una serie de arquetipos que han trascendido a través, incluso, del cine, aquí y en todo el mundo. Federico Fellini, el gran director italiano, filmó «Los Inútiles», una versión genial de una muchachada soñadora y atorrante. Lo cierto de toda esta cuestión, es que entre ellos había ciertos códigos y pensamientos y definiciones circulares que enriquecían nuestra visión de la vida. Uno de aquellos vagos de mi barra solía expresar como definición contundente que «Los muertos se cuentan fríos» , en referencia a quienes tenían la costumbre de gastar a cuenta. Cuando algún «gíl» se acoplaba a la barra y mostraba sus escasas vivencias se decía «A este le falta esquina, farol, carpeta y trasnochadas» . O «El asado se hizo guiso», cuando alguien ostentaba por anticipado lo que finalmente se había escurrido como arena entre los dedos. Esas expresiones surgían de la propia inventiva, de la experiencia acaparada en noches soñadoras. No se trataba de configuraciones académicas o en todo caso se exponía, no sin cierta soberbia, la filosofía de la calle.
En suma, «virtudes» poco frecuentes y vistas por algunos sectores sociales con desprecio.
La sesión en la Cámara de Senadores del miércoles pasado, donde se discutiría la conformación proporcional de las comisiones, resultó para el frente opositor una muestra clara de la falta de «esquina, farol, carpeta y trasnochadas». Hicieron alarde durante varios días antes del número necesario y suficiente para obtener quórum y aprobar la formación de las comisiones según una proporcionalidad que sólo tenían en su mentes poco clarificadas. Intentaron proceder igual a lo que critican del oficialismo: llevarse todo por delante. Fueron por lana y salieron trasquilados. Por otra parte, resultó muy gracioso escuchar a sus voceros mediáticos alentar la llegada del voto faltante, el del senador Carlos Saúl Menem. Magdalena Ruiz Guiñazu, que se autocalifica en su programa radial matutino en AM Continental como la mejor periodista argentina, que despotricó contra el riojano durante los diez años en que él gobernó, clamaba el miércoles por la llegada de Menem. Y lo hacía de una manera más propia de un fanático de tribuna que reclama la inclusión del mejor jugador para enfrentar al rival de turno. Afirmaba a las ocho de la mañana que Carlos Menem había tomado el vuelo desde La Rioja rumbo a Buenos Aires, pero bromeaban con su staff periodístico, en tono de desesperación, si no pasaría como con el General Alais, que debía llegar a Buenos Aires y poner orden ante la sublevación carapintada en 1987. Lo cierto es que el riojano pasó un maravilloso día jugando al golf y dejó con expresión patética y desaforada a quienes lo habían contado por anticipado.
Si algunos opositores tuvieran un mínimo de callejón barrial no habrían hecho el papelón de no esperar la oportunidad. Sus dislocadas ansiedades los hicieron trastabillar una vez más. Probablemente en las próximas sesiones alcancen el número necesario, pero el ridículo ya lo hicieron. Ahora bien, imaginémoslo por un momento a este grupo de ineptos gobernando nuestro país.
Pero si la imaginación no es nuestro fuerte, baste entonces recordar cómo lo hicieron entre 1999 y 2001 y cómo dejaron las arcas del Estado, qué pasó con los depósitos de todos nosotros y qué consecuencias provocó tamaño desaguisado. Piense un instante cómo su propiedad redujo su valor a la tercera parte luego de la extraordinaria gestión de quienes hoy integran la vergonzante oposición. Sólo piénselo y saque sus conclusiones.