Malvinas, las nuestras



Opinión:

Pensar en las Islas Malvinas es rascar una llaga. La laceración de solo mencionarlas provoca un dolor intenso en el alma del pueblo argentino. Desde 1833 hasta el presente no resulta comprensible porqué no están bajo nuestra bandera. Cierto es que no somos ajenos a la responsabilidad de no tenerlas. Pero las políticas colonialistas de Inglaterra y su estratégico aliado Estados Unidos lo han impedido. Es cierto, también, que hay otros territorios usurpados por quienes no han entendido qué se espera de la nueva civilización en el siglo XXI, donde la tecnología pone ante nosotros todo lo que se nos ocurra. La estúpida bravuconada de los militares para tratar a asirse a un poder usurpado que no podían sostener mandó al matadero a jóvenes, que con su arrojo dejaron un solo saldo positivo: su valentía. Los que portaban jinetas en sus hombreras o en su pecho no solo fueron cobardes sino que además nos alejo de la posibilidad de obtener su devolución por vía diplomática, ya que por el año 1982 había en las Islas Malvinas solo una guardia británica y el descontento de los kelpers pues el Reino Unido no las consideraba. Han pasado casi treinta años de un atropello que debimos asumir, sin abandonar el reclamo justo de nuestros derechos en los foros correspondientes. Las Naciones Unidas le han pedido a Inglaterra que se siente a negociar la devolución de lo que no les pertenece. Y la actitud británica demuestra, una vez más, el triste rol de la ONU. Ante la nueva torpeza del Reino Unido de pretender explotar recursos que nos pertenecen, el gobierno argentino tomó una serie de medidas para dificultar, como no puede ser de otra manera, ya que Inglaterra se niega sistemáticamente a negociar, la tarea encarada. No hay medidas violentas, sino de resguardo. Ahora bien, porqué razón los jefes de Estado de los países latinoamericanos hablan mejor de nuestros reclamos, se suman a él y piden junto a nosotros pero la oposición y los medios de siempre, los que se definen como prensa libre, ponen reparos. Hacen escuchar voces cargadas de un sentido incomprensible. Y no tiene siquiera en cuenta quienes allí murieron ni quienes combatieron. Ellos, los que pretenden que el gobierno discuta políticas de estado y quieren, por otra parte, que cada medida del ejecutivo sea debatida en el Parlamente, desconociendo las características de nuestro sistema democrático, que es presidencialista y no parlamentario. Les molesta y se ciegan por ello y no ven que si acaso fueran alternativa de poder tendrán que lidiar con los mismos problemas, con los mismos medios concentrados, con los mismos poderes corporativos del agro. Se olvidan la opinión de quien lloraron su partida hace muy poco, el doctor Raúl Alfonsín, quien en más de una tribuna señalo a Clarín como el enemigo público número uno de la democracia. Hoy coquetean con esa prensa, que los sostiene y los pasea en sus programas periodísticos. Pero su afán de poder, ha cualquier precio, los corroe. Son los mismos que 1999 se juntaron para ir de contra sin tener una sola medida clara, para encarar una política que nos sacara del infierno que ello anunciaban. Y solo lograron atizar las llamas, antes de salir disparando. Basta verlos hoy como si nunca hubieran hecho nada. No hicieron nada o poco y todo mal. Pero deben creer que la gente olvida.

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