La Semana Ya

Los medios y el control ideológico

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[Por Damián Duarte]

La actualidad política parece estar montada sobre una oscilante y asintótica máquina que bucea en medio de una vorágine de declaraciones punzantes, movidas “destituyentes” y campañas presidenciales que se lanzan anticipadamente.

Si bien lo vientos conflictivos tanto de la oposición como del Gobierno simulan amainar, rápidamente se recrudecen las tensiones, los ánimos se vuelven ásperos, las diferencias pasan a tornarse notorias y vuelve a aparecer el fantasma de un conflicto que continuamente amenaza con estallar.

En la agenda mediática los titulares rondan las declaraciones de Cristina Fernández y su defensa al modelo, su reciente reunión con José “Pepe” Mujica y las pujas por el poder en el Congreso. Si bien no se debe desmerecer la importancia de estos temas, es de gran interés la batalla librada desde hace ya algunos años entre el Gobierno y los medios de comunicación que, en gran medida, funcionan como nexo entre el ámbito político y la sociedad.

Haciendo un poco de memoria, el filósofo Dante Palma, recuerda lo sucedido durante las elecciones legislativas pasadas y destaca la gran influencia de los medios: “El fenómeno De Narváez es interesante para analizar por su campaña mediática, un candidato, con un discurso vacío, gana y demuestra que hay un gran control sobre los medios, lo que hace que claramente se puedan cargar un gobierno encima. Lo que vienen son dictaduras mediáticas, ya no hace falta un poder militar, el poder mediático te doblega”.

De esta manera se intenta explicar, tal como se ha mencionado en notas anteriores, la manera en que el aparato comunicador es tan capaz de formar opinión como de crear monstruos que aterran a la sociedad, sea este llamado Gripe A o inseguridad, que, si bien no se niega su existencia ni su incidencia en la sociedad, es valido destacar que un gran sector mediático se ha servido de algunas estadísticas y así, a través de una notoria manipulación, crear en las personas un “efecto sensasionalista” acorde a sus intereses.

Con respecto al los dilemas éticos que se ponen en juego en estas disyuntivas, Palma afirma que “hay influencia de varias cosas, creo que hay un estado de descomposición general y ni siquiera debe tener límite en Argentina. La formación de los periodistas es bastante pobre y probablemente cada vez peor, los referentes de los periodistas son cada vez peores al igual que la clase política, los profesores o los maestros. Creo que en parte tiene que ver con lo que pasó en los noventa, y en un proceso de 10 o 20 años se empieza a ver una decadencia. A su vez, hay cada vez más una precarización del trabajo, los periodistas y los que escribimos somos cada vez más jóvenes, con peores contratos y situaciones, por una cuestión de experiencia” y concluye: “También veo una mayor desfachatez en cuanto a la orientación ideológica y a las operaciones de prensa de los grandes medios. Antes las operaciones de prensa eran mucho más solapadas, ahora abrís un diario y enseguida te das cuenta para quién juega. Lo que ayudó a esto son los medios en manos privadas y los monopolios que están vinculados a un sector de la sociedad y que genera un circuito de corrupción muy grande”.

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