La Semana Ya

Los días que vendrán

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Bebíamos y conversábamos en la mesa del Café de los Jueves como de costumbre. Félix dijo de manera reflexiva: “Es extraño y paradójico cómo algunos acontecimientos toman un giro inesperado o contrario a lo que se espera. Y, por otra parte, también resulta sorprendente cómo se malgasta un capital político que no es sencillo conseguir. Finalmente la derrota electoral del gobierno en 2009, lejos de sentenciar su futuro como preanunció la oposición triunfante en aquel momento, catapultó al oficialismo y todos quienes se proyectaban como virtual opción para las presidenciales de octubre de 2011 no saben hoy de qué manera posicionarse ni en qué sector competir, ya que todas las encuestas los dan lejos de tener las mínimas posibilidades. La virtud del derrotado en capitalizar la decepción del fracaso y la anemia de los triunfantes que desperdician lo logrado y lo gastan rápidamente, primero en un festejo exagerado y luego en rencillas estériles. El gobierno tiene asegurado la continuidad hasta el 2015, si Cristina se presenta a la consideración pública y ya se están formando los cuadros de reemplazo. José Manuel Urtubey y Capitanich, por el justicialismo, y Sabbatella, aún como extrapartidario pero con una impronta de honestidad y equilibrio. Hay en esta gente la gran posibilidad de la renovación política para los próximos veinte años. Políticos jóvenes con la idea clara de construir un país que propenda a una mayor cohesión igualitaria”. Tras la pausa de Félix, Omar dijo continuando con el tema: “La mayor virtud de esta gestión fue poner ante todos nosotros las poderosas corporaciones que han manejado los hilos de la política desde las sombras. Los medios de comunicación aliados y sostenedores de un país para la mitad de su población han quedado al descubierto y no tienen hoy, como desde un siglo atrás, a las Fuerzas Armadas para interrumpir el sistema democrático. Justamente el valor de la democracia está en que las ideas hay que discutirlas, confrontarlas y, si se es hábil y convincente, persuadir. Pero, por otra parte, va llegando el momento de comenzar a poner orden para que una cierta sintomatología no se convierta en una enfermedad crónica. La Presidenta lo ha enunciado en sus últimos discursos; quiere un movimiento obrero organizado y responsable y un empresariado menos quejoso, rentable pero predispuesto a distribuir la bonanza. Vivimos en un sistema capitalista y estamos en el ciclo de las vacas gordas, de modo tal que no podemos ni debemos dejar escapar la oportunidad de equilibrar el sistema productivo primario y fortalecer la industria mucho más allá de lo que hoy hace. La empresa privada es importante, porque tiene el principio legítimo de la iniciativa individual, pero tiene que adecuarse a la sintonía de la inclusión y redistribución de sus ganancias. También el gobierno nacional deberá, antes que después, controlar el trabajo en ‘negro’ que hoy supera el treinta por ciento de la actividad económica. Exigirles a los propios ‘laburantes’ un compromiso mayor con la empresa de las que son parte. Quedó demostrado que no ha tenido voluntad de judicializar la protesta y dejar visualizar los conflictos, pero debe comenzar a poner fin con quienes negocian con los pobres, sobre todo aquellos que se apropian de terrenos fiscales para hacer negocios inmobiliarios. La presencia del Estado en ese conflicto ya no puede seguir dilatándose. El censo realizado hace ya siete meses debe haber dejado algunos datos interesantes para saber cómo resolver los problemas de vivienda y cómo y quiénes son los ‘vivillos’ que se han aprovechado de ellos. En los próximos cuatro años este gobierno tiene la gran oportunidad de finalizar con algunos temas vitales para la república; los monopolios mediáticos tendrán que desinvertir como marca la ley. Habrá que resolver el tema de Papel Prensa S.A. y la legitimidad de los derechos de quienes hoy son sus titulares; establecer la procedencia de los hijos adoptivos de la señora Herrera de Noble, no porque la gente tenga dudas a esta altura de los acontecimientos, sino por la necesidad de que la justicia tome el rol que le corresponde y ponga límites a las chicanas jurídicas que están al alcance solo de quienes tienen mucho dinero”.
La tarde caía sobre la terraza del bar y Omar continuaba con su alocución. Todos escuchábamos, pero yo me sentí cansado y partí hacia casa. Por un momento comprendí porqué Albert Camus, cansado del compromiso político en los años de post guerra, necesitó apartarse y viajar a Portugal para descansar al sol de sus playas y respirar el aire salado de un mar luminoso, contemplando a las bellas muchachas.

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One Response to Los días que vendrán

  1. Cristina abril 15, 2011 at 8:48 pm

    Somos uno de los paises mas corruptos, corruptos, si, entendió bien! Corruptos del mundo. Asique no nos asombremos de Willmor, el Super Barrio Mega, Sofitel , Los comerciantes en negro,La falta de gestión. El Indec. Las AFJP. El escrache en los diarios. El hablar al divino boton por TV, justificando todo tipo de tropelïas .Recibir a De Vido, sospechado de super negociados, para mostrarle la “super” pileta de Capilla, siempre muestran lo mismo Y ahora , la injerencia del estado en empresas privadas. Les dice algo Cuba, Venezuela, Ecuador?
    A mi me gusta vivir en libertad, y no tenerme que escapar en bote, y que me coman los tiburones…Si seguimos asi, descuiden que esta va a ser nuestra realidad cotidiana. Vivir bajo las botas de una dictadura, Se acabó la democracia. El ültimo que salga , que apague la luz… Cristina.

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