Por E.H.L
La intensa lluvia caída la tarde del viernes, según algunos, superior a los ciento veinte milímetros, en algo más de una hora, dejo al descubierto las falencias sobre los cálculos que los ingenieros llevaron adelante en las obras de Parada Robles.
En la calle comercial, paralela a la ruta 8 vieja, que se asfaltó hace apenas unos días, quedó a más de cuarenta centímetros por debajo de donde estaba antes. Según los comerciantes y vecinos se supuso, al principio, que levantada la capa de tierra negra se reemplazaría por tosca, que es una tierra más firme y compacta, para nivelar el terreno y luego, sí, asfaltarla como estaba previsto. Pues no. En la profundidad referida se hicieron los cordones cunetas y la capa de macadán. Todo muy prolijito, pero no hicieron desagüe alguno. Ni se profundizó en zanjeado por donde escurriera el agua. De tal modo, que el sábado por la mañana esa zona comercial se vio afectada ya que nadie se atrevía a transitar y los comerciantes comentaba los contratiempos causados. Resulta, por otra parte, que en la esquina de la farmacia, sobre la ruta 192 y la calle Los Cedros, donde la topografía es sinuosa también se acumuló gran cantidad de agua, más de treinta centímetros que no escurrían hacía lado alguno. Las obras realizadas en Parada Robles fueron y son bienvenidas por todos, porque dan belleza y confort a quienes habitan la zona y hasta allí todos aplauden. Pero resulta ingrato ver que una obra realizada por profesionales no haya previsto los niveles y desagües acordes a la misma. Una de cal y una de arena. Eso es lo que falta: cal y arena y mínima inteligencia para hacer bien lo que se ha hecho mal. A mejorar, pues.