Salí al frío de la calle al cierre de nuestro semanario y caminé hacía el Café de los Jueves. Atrás quedaba una semana llena de información. Estuvimos en el anuncio de la licitación de la Ruta 8 en Casa de Gobierno; todo está claramente descripto en la edición de este sábado, junto a otras noticias de interés general.
Cuando entrá al bar ya estaban José, Bernardo, Omar, Daniel y Félix en nuestra mesa, y la silla vacía que me correspondía. La conversación discurría sobre la toma de rehenes en un banco de Pilar que la televisión cubrió en directo. El arco de opiniones iba de un extremo al otro. Bernardo decía: «Te quiero ver a vos si tu mujer o tu hija estuvieran allí». Félix se sintió aludido y expresó irónicamente: «Cargo la honda y los encaro». De pronto me sentí observado y me lanzaron la estocada: «Che, periodista, ¿vos no tendrías que estar cubriendo la infor-mación?». Los miré de reojo y les recordé que nuestro medio sólo cubría acontecimientos locales. Daniel recordó lo ocurrido hace diez años en Ramallo y las trágicas consecuencias de aquel frustrado asalto. «¡Uy, si! –dijo Omar–, fue tremendo. Aún me parece estar viendo las imágenes de los disparos sobre el auto-móvil, en medio de la noche». Bernardo se lo tomó en broma y le dijo a Omar: «No se trata de un recuerdo vívido, querido amigo, sino que vos miras mucho al canal de Crónica que, de tanto en tanto, arremete con hechos más viejos que andar de a pie y si uno no está alerta los toma como reales».
Por el ventanal del bar la tarde se veía gris e invernal y la calle tenía un clima de vacaciones. Freddy trajo el pedido y la mesa se llenó de coñac, café y vituallas. José no dejó pasar por alto, si de hechos trágicos hablábamos, el accidente del domingo al amanecer que le costara la vida a un matrimonio de Bragado. Bernardo, que hacía ese camino cada jueves, dijo: «Se los dije más de una vez. Quien construyó esa rotonda o no es ingeniero o nunca anduvo en auto. ¿Cómo vas a hacer un círculo en medio de una recta de doble mano que invita a pisar el ‘fierrito’ y no señalizarla exageradamente? Pusieron los carteles el lunes. ‘Después que el niño se ahogó, María tapó el pozo’». Bernardo me preguntó: «¿Decime periodista, cuántos muertos y cuántos vuel-cos en dos o tres años? Les informé que se habían producido siete muertes y más de veinte vuelcos, pero les aclaré que las obras las adjudica Vialidad Provincial y que el Gobierno municipal poco puede hacer. «Vos porque los defendés. O a vos te compran y te callás la boca o al medio le importa poco», dijo Bernardo. Me tragué el agravio y comenté con la mayor tranquilidad: «La burocracia parece una extraña palabra que ni siquiera sabemos qué significa hasta que fatalmente nos atrapa. No la palabra sino la máquina picadora que representa. Según mi experiencia de conductor lo hubiera solu-cionado hace mucho y con muy poca plata. Hubiera pintado, con ese pintura espesa, franjas de treinta centímetros de ancho, colocadas cada tres metros y luego acortan-do la distancia la reduciría a dos y un metro, desde ciento cincuenta metros antes de la rotonda maldita y los neumáticos copiarían la ‘advertencia’ y todos disminuirían la velocidad. Pero la máquina picadora se traba en la interrogación de a quién le corresponde y siempre le toca a otro. Siete vidas se ha cobrado la rotonda del Diablo por la ineptitud de los funcionarios de Vialidad, de los ingenieros de la empresa constructora y de los funcionarios locales, que la conocen perfectamente porque pasan por allí cada día y van tan ocupados que no se dan cuenta por dónde va el asunto. Somos pésimos conductores porque no respetamos los carteles indicadores cuando los hay, pero tampoco nos ayudan en quien nosotros suponemos debemos confiar. El Partido tiene dos puntos viales tremendos. El kilómetro 76 de la Ruta 8, frente al destacamento de Parada Robles y la rotonda de Los Cardales. Si yo tuviera el mínimo poder pongo a dos patrulleros en la rotonda y dos en el kilómetro 76, día y noche, con conos lumínicos, y hasta si me apurás pongo unos banderilleros. Pero te juro que no tengo un muerto más, por lo menos por accidentes. Porque al que no baje la velocidad lo cago a tiros». José hizo un gesto de exagerado asombro frunciendo los labios y estirando el mentón, y dijo: «Por las dudas yo a usted no lo voto ni para vocal del club». En medio de las risas por la ocurrencia de José, Freddy trajo otra vuelta, pero todos nos quedamos, sin embargo, con el sabor amargo de la muerte sin sentido.rgoçmbargoç, vueltaraos labios y estirando el mente Los Cardales.o nos ayudan en quien nosotros supo