La semana tuvo un día especial para nuestro medio. Se sabía que el martes la Presidenta de la Nación haría público un informe sobre Papel Prensa S.A. y su posible adquisición fraudulenta. Nosotros somos justamente uno de los cientos de diarios del interior que vemos afectada nuestra actividad por el precio diferencial del papel donde escribimos nuestra información y nuestras opiniones.
Cuando llegué al Café de los Jueves, la tarde estaba destemplada y mis amigos habían optado por sentarse dentro del bar. Pensé que durante los próximos dos meses el clima se mantendrá tal como hoy, donde se sale emponchado en la mañana y por la tarde no se sabe dónde dejar la campera o los pullovers; pero incluso con la situación inversa, cuando la temperatura baja abruptamente y no alcanza lo puesto para calentar el cuerpo. Bernardo, José, Omar, Daniel y Félix ya tenían la mesa servida y Freddy se dispuso a preparar mi cortado liviano. Félix tenía una expresión plenamente satisfecha. Dijo: «Hacía mucho tiempo que no escuchaba una exposición tan precisa y claramente descriptiva de un hecho o situación. Ciertamente la Presidenta dejó aflorar toda la inteligencia para poner ante la opinión pública un tema que se mantuvo silenciado durante más de treinta años. Y dejó en claro que no había ni en el informe ni en lo que ella sabía fragilidad argumental alguna. Fue sólido de principio a fin y desconcertó tanto a la concentración monopólica de medios como a los opositores, que tardaron varios horas en reaccionar. Creyeron y desearon que el Ejecutivo intentara intervenir la empresa, porque de ser así tendrían la confirmación de lo que sostenían sobre la apropiación y el ataque a la ‘Libertad de expresión’. Pero con mucha astucia no se prestó al juego y mandó todo a la Justicia y un proyecto de ley al Legislativo. Los puso contra la pared porque deberán desenmascararse y quedar frente a la sociedad como defensores de los grupos de poder y muy lejos de sus falaces postulados de gobernar para las mayorías». Daniel intervino y me preguntó cómo podría impactar en nuestro periódico. Bebí un sorbo de café, tuve un gesto reflexivo un tanto sobreactuado y dije: «Poner al zorro a cuidar a las gallinas no parece la decisión más inteligente. Ni ahora ni nunca. El proceso judicial que se pone en marcha demorará mucho tiempo y no hay resultado previsible. La empresa se autoadjudica el papel a precio de «dumping» y recarga más de un cincuenta por ciento cuando lo vende a los medios del interior para equilibrar la balanza. Produce menos de su capacidad operativa, justamente para justificar esos procedimientos. Por otra parte, si lo que se pretende es asegurar la libertad de prensa, el control del Estado, que somos todos, a través del Congreso, donde están nuestros representantes, nos garantizará igualdad de precio y cantidad para todos. Ningún opositor podrá decir que no le llega la cantidad de papel para criticar al Gobierno, porque ellos estarán allí para impedirlo. Nosotros somos tan ‘libres’ como cualquiera y no andamos por allí diciendo que el estandarte de la Prensa Libre lo portamos nosotros. Los que se vanaglorian de poseer la cucarda son los que más tergiversan las noticias, los que mejor las ocultan, los que sólo van detrás del negocio porque han convertido a la información en una mercancía y un arma de poder; es tal el que acumularon, respaldando atrocidades como la Dictadura cívico-militar de los años 70, que hoy les sobra el dinero para invitar a ‘cenar’ a adeptos y proponerles planes gubernativos si acaso la ciudadanía les otorgara el favor de aprobarlos para la conducción de los tiempos que vienen». Daniel peguntó sobre las presiones que recibimos. Dije con ánimo de poner fin al tema: «No hay labor que no suponga presiones externas e internas; en cada actividad las hay. Pero se aprende a convivir con ellas. Y con el tiempo uno sabe cómo enfrentar las cosas. Decir, sin agraviar. Sugerir y mostrar. Expresar una opinión que pueda ser constructiva y su fuera necesario mostrar a quien en la función pública no cumple con lo tácitamente acordado. Luego todo fluye». «Bien –dijo Omar–, que fluya más cerveza, más café y más picada, que el frió me dio hambre».