La Semana Ya

La deuda pública Argentina

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Foto archivo: Ricardo Bozzani

Foto archivo: Ricardo Bozzani

[Columna de opinión – Por el contador, Ricardo Bozzani]
La última estadística oficial de la deuda pública Argentina es la publicada al 30 de Septiembre de 2015, y de dicha publicación surge lo siguiente:

La deuda pública total asciende a dólares 240 mil millones aproximadamente.  A este total habría que restarle la cancelación del BODEN 2015 que se produjo en Octubre de ese año que totalizaba unos 5.900 millones de dólares.

La deuda entre distintos entes estatales ascendía a 146 mil millones de dólares, es decir el 61 por ciento. El resto, es decir 94 mil millones de dólares, correspondía a deuda con terceros. De ese importe 29 mil millones de dólares correspondían a deuda con organismos multilaterales o bilaterales de crédito (Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Club de París, otros) y  65 mil millones de dólares se adeudaban en bonos en poder de privados.

Este último importe es el que reviste importancia y es el que hay que tener en cuenta a efectos de ir evaluando su crecimiento a partir de la asunción del gobierno por parte de Mauricio Macri.

El endeudamiento con terceros que dejó el gobierno saliente es sumamente bajo, y le va a permitir a las nuevas autoridades, acudir al financiamiento externo con cierta comodidad, sobre todo después que se arregle el litigio con los fondos buitre.

Por lo pronto, parte de esa deuda intra-estado va a dejar de serlo para pasar a engrosar la deuda en bonos.  El pago que en 2006 se hiciera al Fondo Monetario Internacional de casi 10 mil millones de dólares, y que figuraba como deuda del Tesoro con el Banco Central que no devengaba prácticamente intereses, va a ser transformado en Bonos que generarán intereses anuales del 8 por ciento, y que se cederán como garantía a los bancos para obtener un préstamo de alrededor de 6 mil millones de dólares para engrosar las reservas.  Con el tiempo, esos bonos seguramente serán negociados en los mercados, y en menos de sesenta días de gobierno se habrá incrementado la deuda con terceros privados en 15 por ciento.

Es de esperar, que la baja exposición externa de nuestro país le brinde a este gobierno la posibilidad de acceso al crédito internacional para la ejecución de obras de infraestructura productiva (rutas, puertos, ferrocarriles, etc.) y social (viviendas, agua, cloacas, pavimentos urbanos).

Además, debería aprovecharse para fomentar industrias que impliquen la creación de puestos de trabajo y generen mayor producto bruto interno a través del incremento del consumo y la inversión.

En estas instancias, donde el mundo se está achicando económicamente y existen excedentes de producción que necesitan mercados donde colocarse, sería un suicidio colectivo abrir indiscriminadamente las importaciones y pensar que el país sólo debe concentrarse en la producción agropecuaria como fuente generadora de divisas para pagarlas.

Es fundamental mantener un mercado interno fuerte, con baja tasa de desempleo y con el poder adquisitivo del salario preservado. Es la única forma de no entrar en recesión, desempleo, y con el paso del tiempo en una inevitable crisis, que como todas las demás ocasiones las termina pagando la gente más humilde.

El gobierno de Macri tiene todas las posibilidades de hacerlo. Por ahora sólo ha anunciado medidas que favorecieron a sectores que en algunos casos ni las necesitaban (baja de retenciones mineras, por ejemplo). Todavía se está a tiempo de corregir el rumbo. Los días van a pasar, y la gente no va a aceptar que la culpa sea del gobierno anterior.

La amplia cobertura y protección mediática, le ha permitido a su ministro Prat Gay, entre otras cosas, mentir descaradamente sobre el déficit heredado. Hasta se dio el lujo de sumar a dicho déficit el costo fiscal de las promesas de campaña de Mauricio Macri.  Todo sea por justificar un ajuste que no debería ser tan violento, ni generar  despidos de trabajadores, porque nadie duda que el país del 2015 no tiene nada que ver con el de 1989, o de 2001. No estábamos en el abismo ni nada parecido. A veces, sobreactuar el error ajeno no permite mostrar el mérito propio. Puede servir para ganar una elección, pero sin ningún lugar a dudas no ayuda al éxito de una gestión, que es el que todos los argentinos bien intencionados esperan.

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