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El sábado próximo pasado se inauguró la centésima vigésima cuarta Exposición Rural Agroganadera e Industrial en el predio ferial de Palermo. Como cada año, el presidente de la mencionada institución, en esta caso Hugo Biolcati, presento su discurso de apertura ante autoridades nacionales y municipales, un selecto grupo de invitados y los concurrentes a la tradicional muestra.
Nadie tiene duda sobre la importancia de los alimentos y que ellos los produce la tierra y en la tierra. Casi se podría afirmar que se trata de una verdad “absoluta”, tanto que nos recuerda a un antiguo cuento donde quien tenía un burro llegó a decir a sus amigos, sorprendido: “¡Justo ahora que se había acostumbrado a vivir sin comer, se fue a morir!” La vida es posible por el aire que respiramos y los alimentos que comemos. Todo lo demás va detrás. El pulóver de lana que usted tiene puestos en estos días de intenso frío es gracias a la oveja. Y claro que al pastor que las cuida y las lleva por los sitios donde las pasturas las engordan y quien las esquila. También, por supuesto, por la mano del hombre que siembra la tierra abriendo surcos. Pero es necesario advertir que si no fuese por la industria metal mecánica que fabrica las trilladoras, las cosechadoras, las tolvas, los vehículos de transporte y cuanta herramienta resulte útil para simplificar la tarea, esta tendría la lentitud que vienen siendo agilizada desde que el hombre uso el primer buey y el primer arado de una sola hoja de madera, primero, hasta llegar a la de acero muchos años más tarde. La evolución de la tecnología en el sentido más “sano” logró también manufacturar los alimentos transformándolos desde el grano de trigo al pan, las galletas y las pastas. Desde las oleaginosas a los aceites. Como lo hizo con la minería transformándola en hierro y acero para la fabricación de vías férreas, estructuras de edificios, vehículos de todo tipo. O el cemento para construir caminos y rutas. O las hilanderías que transformaron la lana en hilo para confeccionar la ropa que nos viste.
En los días que se pulseaba por la Resolución 125, algunos hombres de campo, que exacerbados por la manipulación mediática perdieron la mínima visión razonable y llegaron a decir “Que sin lo producido por ellos no seríamos nada”. Nadie sin embargo les hizo pensar que la camisa que llevaban puesta y los pantalones o los anteojos no se planta en la tierra y crecen a la primera lluvia. Y si aún hoy están sanos es porque algunos hombres estudiaron medicina y otros, arquitectura para construir viviendas del confort que ellos poseen. Y cada una de aquellos, que con sus conocimientos mayores o menores, mantienen la rueda en movimiento cada día en otras áreas de la vida humana. En definitiva, una sociedad se compone de todas las actividades que hacen posible la existencia, el conocimiento, el arte o la simple distracción. Creerse el hacedor de los alimentos les haga pensar erróneamente que son los primeros en la escala y por ello creen tener más y mejores derechos. Lo han sostenido a fuerza de “garrote” desde los albores de la patria. El ejercicio democrático es el único posible que nos hará convencernos cómo se construye una Nación igualitaria. Sin privilegios. Con derechos y obligaciones equilibrados. Los veintisiete años de democracia van dando sus frutos porque todo va quedando expuesto a la luz que trasparenta lo que se mantuvo a la sombra. La única política posible es la “robinhooniana” que nos es otra que distribuir más ecuánimemente lo producido por nuestra generosa tierra y nuestra generosa industria. Gobernar es dar trabajo, generar las condiciones y luchar por la igualdad. Quienes no comprenden esta simple perspectiva es porque nunca han sufrido el dolor de no tener un plato de comida, un abrigo para protegerse del frío, una vivienda digna y un mínimo confort. La referencia del Presidente de la Sociedad Rural, Hugo Biolcati, es un acierto infrecuente. Dijo “Un país rico, lleno de pobres”. Es casi un pedido al Gobierno Nacional para que ponga fin a esta situación. Entonces no hay que perder un solo instante e ir por más retenciones, par mayores impuestos a la riqueza y las ganancias, y a las especulaciones bursátiles. Más trabajo formal, mejores remuneraciones y mejores condiciones laborales. Sobre todo a los peones rurales, mayoritariamente informatizados. En suma por profundizar la política que ha venido aplicando este Ejecutivo.

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