Inseguridad

Por Crates
Los argentinos estamos obsesionados por el problema de la inseguridad. Tenemos motivos para ello. Las estadísticas sobre criminalidad, por mucho que las maquillen los muchachos expertos en mentir y a cuya colaboración es tan afecto nuestro Gobierno, se han disparado en el último quinquenio. Algunos se ufanan en equipararlas a las de otros países, algunos de ellos vecinos, pero con ello no logran menguar esta suerte de paranoia colectiva que estamos padeciendo, en cualquier caso justificada.
Que los medios enfaticen sobre episodios diarios de nuestra cruel realidad; que sea moneda corriente encontrarnos con algún vecino, amigo o pariente que ha sido víctima de algún hecho delictivo, o haberlo sido nosotros mismos; que el país esté debatiendo sobre la necesidad de endurecer las penas, multiplicar las cárceles existentes o bajar la edad de imputabilidad de los menores de edad (responsables del 5% de los episodios delictivos denunciados, que todo hay que decirlo), no puede ocultarnos que los mayores índices de inseguridad se producen en las calles y rutas de nuestro país. La inseguridad vial es infinitamente más grave que aquella otra que nos preocupa tanto. Produce no menos de 22 muertos cada día, 683 por mes, más de 8.200 durante el año pasado. Una cifra que este año será superada.
No somos, como comúnmente creemos, «los mejores conductores del mundo». Antes bien, somos subcampeones latinoamericanos de accidentes viales, sólo nos supera México. En las calles y carreteras aztecas mueren cada año 29 personas de cada 100.000 habitantes en accidentes de tránsito; nosotros registramos «apenas» 26, mientras que en las accidentadas y «tercermundistas» rutas bolivianas, por ejemplo, se producen menos de 9 decesos por idéntica causa.
Por supuesto que si se quieren discutir estos números u objetarlos se puede aducir que los bolivianos tienen menos vehículos por habitante, y es cierto. Pero nosotros tenemos en tal sentido un parecido ratio al de los uruguayos, un vehículo cada cinco habitantes. Sólo que los uruguayos registraron el año pasado sólo 570 muertos en accidentes.
Este es un tema que viene debatiéndose desde hace años en todo el mundo, coincidiendo los especialistas en que el fenómeno se produce por diversas causas, pero apuntando siempre que la principal causa se vincula al factor humano. Esto es así tanto en los países ricos, donde los índices se han reducido drásticamente, como en cualquier lugar del planeta, incluida Latinoamérica, que es la región del mundo más azotada por este flagelo.
Usted, amigo lector, si es de sexo masculino (sólo uno de cada diez accidentes es protagonizado por una mujer) y tiene entre 16 y 30 años, puede llegar a incrementar la lista de víctimas; según las estadísticas es el grupo más expuesto, ya que la distribución por franja etaria en 2008 es la siguiente: 0 a 15 años (16%), 16 a 30 años (37,5%), 31 a 45 años (19,3%), 46 a 60 años (14,5%) y más de 60 años (12,8%). Pero no confíe demasiado en las estadísticas, la próxima víctima puede ser usted, tenga la edad que tenga.
Es hora de asumir las responsabilidades que nos corresponden a cada uno de nosotros, habida cuenta que no somos los que mejor manejan en el mundo. Hágase y háganos un favor a todos: cuando salga a las maltrechas rutas que atraviesan nuestro Partido, o cuando transite nuestros poco cuidados caminos rurales (y también en las calles de nuestros pueblos, por supuesto), empiece por respetar las señales. La transgresión a esta elemental norma es escandalosa. Sólo con eso, el respeto estricto a las señales de tránsito, disminuiría sensiblemente la cantidad de incidentes –que no accidentes, ya que se pueden evitar– con resultado de muertes. De su conducta personal no es responsable el Gobierno ni «el otro», ese que siempre es el culpable de lo que nos pasa a los argentinos.

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