
Clasificábamos la información antes del armado definitivo como ya lo teníamos mecanizado. Como aquí el Concejo Deliberante se reúne los lunes, los temas allí tratados ya estaban debidamente descriptos. Pero en el Congreso Nacional, en lo que va del año, se han tratado temas de vital importancia que nos afectarán a todos y esto ocurre los miércoles, de modo tal que el día de cierre de nuestro semanario teníamos un amplio panorama y temas que nosotros mismos debatíamos en la redacción. Los concejales de Exaltación de la Cruz prefirieron mantener sus opiniones sobre el tema del matrimonio igualitario en el ámbito privado y los consultados hicieron mutis por el foro. El frío de toda la semana, aún en un invierno benévolo, se hizo sentir y no escapó a la consideración general y de tanto en tanto cada uno de nosotros nos apretábamos al calor de la estufa.
Tan arropado como pude me fui al Café de los Jueves pensando en un capuchino bien caliente al abrigo de mis viejos amigos. Cuando llegué y Freddy sirvió la mesa el tema era el debate en el Congreso de la noche anterior. Omar se expresó exultante: «Primó la cordura y las exposiciones fueron bien sustentadas, aunque siempre hay excepciones». Ber-nardo, que sonreía, preguntó con mali-cia cómo será a partir de esta Ley la fórmula de enlace. Félix respondió rápi-damente. «Señor Bernardo Cardozo, ¿quiere usted por contrayente al señor José Sipavicius?. Señor José Sipavicius, ¿quiere usted por contrayente al señor Bernardo Cardozo?. Siendo así, entonces, los declaro cónyuges. Los cónyuges pueden besarse». Luego exclamó: «¡Qué tal te va querido amigo!». Bernardo miró de reojo a José y le meneó la cabeza, pero José, cuya veteranía lo hace respetable, dijo: «Querido amigo, sepa usted disculpar mi rechazo a su incondicional manifestación de amor, pero no creo conveniente y necesario vernos arrastrarnos penosamente del brazo haciendo el ridículo». Bernardo, que ya reía, apuntó: «No he sido yo el de la propuesta indecorosa y por otra parte debería separarme primero de mi mujer, pues no querrá que a su nuevo cónyuge lo acusen de bigamia». La mesa era ya un estallido de carcajadas. Daniel, quien sólo sonreía, aportó una reflexión algo más al tono con la importancia de la nueva Ley de Matrimonio Igualitario. «Como lo señaló el senador Fílmus cada conquista de un derecho ha sido siempre una larga lucha contra quienes pretendieron mantener sus predominios. Y he sentido una profunda satisfacción por la igualación de un derecho que nos compete a todos. John Lennon escribió una canción a la que le puso de título ‘La mujer es el negro del mundo’ donde describía la condición a la que había sido obligada la mujer en una sociedad machista. Cuando una mujer es acorralada y obligada a padecimientos que sólo ella conoce, todos somos mujer. Cuando alguien padece la discriminació n por su color de piel, todos somos negros. Cuando se discrimina a un judío o a un gitano por su condición de tal, todos somos judíos o gitanos. Cuando alguien padece la condena o la burla por sus preferencias sexuales, todos somos homosexuales o travestís o transexuales. Pero también, y debo decirlo, los hogares donde se llena de niños ‘judicializados’ y la adopción se torna un trámite engorroso y kafkiano todos somos niños ‘judicializados’, cuando hay un niño o una madre viviendo en la calle todos somos ese niño y esa madre. Cuando un viejo está desamparado, todos somos viejos desamparados. Cuando los pobres se amontonan y no logra sacárselos de esa penosa condición, todos somos pobres amontonados. Hoy hay muchos compatriotas que han visto reconocidos sus derechos y están genuinamente alegres por ello. Y todos nosotros debemos estar alegres por tan formidable reconocimiento. Una sociedad se edifica sobre normas igualitarias. Pero debemos ser aún más exigentes con la Justicia y dotarla de ‘otra’ celeridad, de ‘otra’ dinámica. La ejercitación de los debates en el Parlamento son también una lección que todos debemos poner en práctica, aún en la mesa de un bar. Nos hará mejores ciu-dadanos, más sagaces, menos proclives a ser embaucados». Daniel puso un punto final a su ‘alegato’ y Freddy trajo una nueva ronda para espantar el frío y calentar los espíritus.