Historia, pensamiento e interrogación

[Por Jean Paul]
Los términos, derecha e izquierda aplicados a la política, devienen de la Francia Revolucionaria de 1792. En la Asamblea Constituyente los disputados de la Gironda se situaban a la derecha del Presidente de la Asamblea, mientras que los de la Montaña se ubicaban a la izquierda. En medio de ellos se situaron constituyentes “neutros” llamados Llanos o Marisma.  La Gironda pretendía mantener la legalidad y el orden monárquico, mientras que la Montaña un sistema revolucionario. Robespierre, Dantón y Marat fueron los caudillos del primer partido político francés que como queda dicho se situaron a la izquierda.

Este breve repaso histórico tiene por objeto preguntarnos sobre el origen de cierta terminología, su actualidad conceptual y como cada uno de nosotros tenemos comportamientos y si estos pueden ser asimilados a uno u otro sector.

En la política doméstica es común oír, escuchar o leer expresiones tales como la “oposición de derecha” o el “zurdaje”, ambas pronunciadas siempre en tono despectivo. A decir verdad esas expresiones poco tienen que ver con la actualidad política argentina, sin embargo, estos términos han conservado a través de los años una definición clara de posiciones políticas. Aquí a los sectores que pretendían mantener la “legalidad y la monarquía”, si usáramos las viejas descripciones, se los denominó Conservadores. Las pretensiones de estos era y es mantener la “legalidad de sus derechos y privilegios de clase” negándoles, de ser posible, esos mismos derechos a sus rivales o adversarios.

Los partido Socialista y Comunista tomo la denominación de “izquierdista” o fueron calificados así por sus opositores, también claro de manera peyorativa.

Hoy un nuevo término instala un núcleo de adherentes a los que se los llama “progresistas”. El General Perón, creador del movimiento “Justicialista” pretendió apartarse de ambos posiciones y adoptar una nueva visión sobre la política imperante en aquellos días que supusiera un equilibrio, sin perder de vista que su pensamiento estaba unido a los trabajadores, víctimas siempre de los abusos de los Conservadores. Así como los amantes de fútbol adhieren a un club y sostienen su adherencia toda la vida y no cambian aunque su equipo no produzca un juego vistoso y práctico, en las preferencias políticas pasa algo parecido. Raíces históricas individuales nos ponen en tal o cual corriente sin preguntarnos demasiado si estas mantienen la estructura originaria. De este modo, un conservador aunque no haya un partido que utilice esa denominación manifestará claramente su adhesión a ciertas medidas de “libre mercado” que les permita obtener la mayor ganancia posible y no ver afectado ninguno de sus intereses. Frente a esto los izquierdistas, justicialistas o progresistas mantendrán la idea de una igualdad de derechos práctica con distribución equitativa. En resumen, reducirles las ganancias extraordinarias a los sectores concentrados de la economía y redistribuirlas hacía las masas trabajadoras, propendiendo a que el capital y el trabajo deben obtener porciones igualitarios de la “torta”. Parece sencillo ubicarse de un lado u otro según nuestra fortuna, real o imaginaria, adosada ya a nuestro nacimiento o conseguida por esfuerzo propio. En suma, haber nacido en un hogar de clase obrera o de clase opulenta.

También y debe ser mencionado, hay quienes se inscriben y se los llama “Electores independientes” cuyas preferencias mutan según adviertan inteligencia ejecutiva dentro de la oferta de candidatos. Pero para todos, tanto los que admiren a una corriente u otra o los independientes, hay una serie de preguntas que habría que hacerse. ¿En que lugar nos situamos cuando pretendemos escarnio a quienes quedan fuera del campo legal y buscan en el robo y el homicidio una forma de vida? ¿En que lugar nos ubicamos cuando junto a nuestra casa se construye otra que difiere de nuestro gusto estético y denotan, en los nuevos vecinos, una situación económica inferior a la nuestra? ¿Cuál es nuestra posición cuando debemos compartir, obligados quizás por la circunstancias, una reunión o lo que fuese donde hay personas cuya apariencia no esta de acuerdo con nuestros gustos, vaya a saber adquiridos donde, como el color de la piel o culturas distintas a la nuestra? En fin,  faltan muchas preguntas de ese orden para poner frente a nuestra conciencia cual es nuestra visión de la vida y cual, entonces, nuestra más auténtica posición política. Porque puede resultar, que como respuestas a esas y otras preguntas no tener muy claro y se nos presente un verdadero dilema a saber: seremos tan progresistas como creemos o nos hemos corrido hacía otro lugar luego de haber obtenido o mejorado nuestro estándar de vida. Porque no hay mayor traición a nuestras convicciones que mutarlas según “como nos va en la feria”.

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