
Exaltación de la Cruz es un partido pequeño y compacto. El setenta por ciento de su territorio esta afectado a la producción agrícola y treinta por ciento restantes a los núcleos habitacionales. Los tres puntos principales de esto son Capilla del Señor, Los Cardales y Parada Robles, en cuanto a cantidad de viviendas, comercios y servicios.
Las autoridades que nos administran son vecinos a los que vemos cada día y comparten con todos nosotros los quehaceres que todo ciudadano realiza. No viven afuera, ni en fortalezas inexpugnables. Es sencillo hablar con ellos, incluso sin audiencia previa. Esto por si solo no garantiza una buena gestión administrativa, pero hace más sencillo trasmitir cualquier problemática o solución posible. Imaginemos solo esta escena: «¡Che Vasco! Esta manzana no tiene luz pública, viejo. Yo que soy medio ciego me llevo todo por delante no bien oscurece».
Podemos también imaginar formas menos coloquiales, algo más ajustadas a la investidura de un intendente, pero en ningún caso se falta el respeto y solo se pone en juego el conocimiento que se tiene, ya que por estas tierras las familias se conocen desde hace al menos cien años.
Por el contrario, toda aportación que se haga, con respeto y sin acartonamiento, pero que sugiere una mejora para el barrio es, así mismo, una mejora para la comuni-
dad toda.
Claro está que el dinero público hay que saber administrarlo y muchos de nosotros podemos sugerir ignorando los recursos de municipio. Y aunque la idea puede ser muy buena, una administración electa es la encargada de priorizar cada proyecto. No son pocas las cosas que se hacen diariamente ni aquellas que siempre están por llevarse a cabo. Pero surge nítidamente una idea falsa, de la que es preciso desprenderse. Ninguna administración, ni aquí en nuestro partido ni el cualquier otro sitio del mundo hará una gestión con todo lo que necesita el área de gobierno de que se trate, porque simplemente no hay forma. «La política es el arte de lo posible» decía Perón. Pues si es así, entonces hagamos lo posible, tan solo.
Si esta administración se ha propuesto organizar el transito y pretende no castigar, sino educar, aplaudamos la iniciativa. Pero tengamos claro que hay un tiempo para incorporar las normas y luego habrá que pasar por ventanilla y ver si desprendernos de algún dinero nos sirve para educarnos. Todos podemos arroyar afuera del cesto un papel. Nadie es perfecto. Pero, aquí también se aprende más rápido si se nos da un coscorrón imaginario pasando por ventanilla, solo por tontos. Nadie arroya la yerba del mate en el piso de la cocina de nuestra casa. Porqué tirarla en la calle, entonces. Si se nos pide que saquemos la basura a determinada hora, por qué no hacerlo. Si conducir vehículos y motos requiere del cinturón de seguridad y el casco, entre otras cosas, cual es el problema de usarlos. No hay mejor ciego que el que no quiere ver, ni más tonto que el que se arriesga a romperse el «marote» solo por un absurdo capricho. Con lo cual una soberana multa es siempre más barata que una cabeza nueva o un féretro y una sala velatoria.
Por otra parte, ser austeros con los recursos es una enseñanza que nos de-bemos. No malgastar la luz, por ejemplo, dejando prendida bombillas sin necesi-dad o usar el agua para riego con límite, juntando incluso, agua de lluvia para tal fin es un aporte valioso a la economía domestica y a toda la comunidad. Si como ciudadanos implementamos esas conduc-tas nuestros administradores tendrán también que vérselas con vecinos, ciuda-danos y compatriotas cuyos reclamos o sugerencias tendrán una receptividad mayor. Y obligara, así mismo, a un cambio de actitud de cada administrador a ser cada día más eficiente, más austero, más creativo y más participativo.
Pensémoslo entre todos, pongámoslo en práctica y veamos los resultados.