La Semana Ya

Gramática

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La necesidad de concisión de los mensajes –sms– que circulan a través de la telefonía celular está creando un nuevo lenguaje, que si bien remite al idioma castellano generalmente, aunque no siempre, tiene grafía propia resultante del apócope. Hoy es considerado casi un analfabeto, o un dinosaurio, aquel usuario que no sepa usar expresiones tan corrientes como q (que), x (por), mña (mañana), ksa (casa), t (te), dnd (donde), cdo (cuando), 100pre (siempre), bs (besos) y el muy efusivo tkm (te quiero mucho). Por supuesto que corresponde despedirse con un simple bye.
Por supuesto que esta nueva lengua también se ha infiltrado en el universo del chat, donde además los «emoticons» suplen las palabras para expresar estados de ánimo, opiniones, actitudes y las más diversas emociones, un código ideográfico que nos aproxima a ciertos lenguajes orientales, como el japonés o el chino.
Por otra parte debe advertirse que tanto la sintaxis como la ortografía parecieran estar batiéndose en desventaja contra ciertos depredadores lingüísticos que convirtieron en un ídolo a Gabriel García Márquez cuando abogó en un célebre Congreso de la Lengua por la supresión de la H (bueno es apuntar, sin embargo, que el colombiano Premio Nobel de Literatura sigue poniendo las haches donde corresponde y haciendo gala de una exquisita sintaxis).
Hay un par de consagrados periodistas de televisión, por citar un ejemplo, que en su lenguaje oral han decidido suprimir las eses finales, en el más ortodoxo estilo rosarino, mientras que uno de ellos también escribe sobre economía en un poderoso matutino –en este caso utilizando las eses–, aunque haciendo gala de una enrevesada sintaxis absolutamente ajena a cualquier manual de estilo. El otro es profesor de locutores.
Entre los «movileros», una curiosa fauna de aspirantes a convertirse en estrellas de la tele, aún son mucho más frecuentes las agresiones al idioma. Hacen guardias en «comiserías», informan sobre situaciones «álgidas», dicen invariablemente «preveer» y uno de ellos hace poco nos habló de «un cadáver muerto» (sic).
También son especialistas en barbarismos ciertas féminas de muy buen ver, identificadas por lo común como «botineras», puestas a comentar cualquier tema, se trate de filosofía, política, chismes de alcoba, gastronomía o perversiones sexuales. Una de sus más famosas exponentes se precia de escribir poesías tan conmovedoras como la siguiente: «Yo me pregunto si a Laura/ se le ve la tanga/ ¿a Mabel…/ se le ve el mantel?» Imposible dudar de su «rímico» talento.
Pero nadie se asombre, que horrores de parecida laya podrá encontrar sin dificultad en anuncios publicitarios, folletos sobre el cáncer de mama, libros de sesiones de cualquier honorable (con minúscula) concejo deliberante, recetas médicas o formularios de la administración pública. Y dejamos de mencionar los discursos de los políticos, en un acto de piedad que es de esperar que sepan reconocer.
Sería del caso manifestar nuestra esperanza en la labor redentora del idioma que podría cumplir la escuela; pero se trataría de un acto de fe notablemente endeble, a la vista de un par de textos recién recibidos en la sede de esta dignísima publicación. En uno se lee: «Les ruego que digan halgo sobre este asunto…» y en el otro: «Queremos saber si es pocible que vallan a ver…» Los firman el director de un colegio y una profesora en ejercicio. Quedan estos valiosos documentos a disposición de nuestros lectores. Bye.

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