La organización de las notas que difundiría nuestro semanario no resultaba sencilla. Por lo general a la hora de cierre se discutía la importancia y vigencia de cada una de ellas. Este semana en particular y debido a los debates parlamentarios, inauguradas ya las sesiones en el Congreso Nacional y provincial (las sesiones de los Concejos Deliberantes Municipales comienzan a partir del mes próximo) nos había mantenido atentos a la controversia suscitada por el tema excluyente sobre las Reservas y el pago de los compromisos externos. En nuestro Partido pudimos reflejar cómo vivieron los ciudadanos chilenos que habitan aquí y volvimos a comprobar el dolor inenarrable de nuestros hermanos trasandinos por la catástrofe natural que ha dejado casi mil muertos y millares de ciudadanos desprotegidos de todo. Las réplicas constantes por el reacomodamiento de las placas tectónicas, pero cuya fuerza fue apenas menor al gran sacudimiento inicial, mantiene a la población del país vecino en estado de angustia permanente.
Por otra parte, en Río Luján, se instalará en breve un puesto de Gendarmería Nacional con oficinas propias, lo que supone un reaseguro permanente y apoyo a las fuerzas policiales locales. En ese orden se están extremando los controles de tránsito para complementar las campañas, largamente difundidas y lograr los efectos deseados, que no son otros que evitar accidentes que luego se lamentan toda la vida. También un robo calificado en Parada Robles, que fuera difundido en nuestra versión digital de La Semanaya.com, a la firma Lingamas S.R.L. A propósito del diario digital, en estos días Jesús Landa, quien se ocupa de su instrumentación, le dio una nueva diagramación que nos obliga a nutrirla convenientemente. La tarde calurosa de este 4 de febrero nos tenía agotados a todos y yo partí hacía el Café de los Jueves, por un refresco y un poco de tranquila relajación. Tomé por San Martín y al llegar a Mitre, frente a la farmacia, me quedé mirando el pavimento y sus pozos, que cada día se han agrandado más y mas, dificultando cualquier maniobra de los automóviles y peatones. Pensé, entonces, cuál sería la inversión en dinero para solucionar la repavimentación de no más de diez metros cuadrados y concluí que debería ser insignificante comparada con los riesgos mecánicos y humanos que enfrenta cada cardalense que transita a pie o en su auto por allí. Cuando me instalé en la terraza del bar ya estaban todos mis queridos amigos en arduas disputas y diatribas que tenían por protagonistas a Bernardo y Félix, mientras José, Daniel y Omar se mantenían a la expectativa, disfrutando como cada jueves de las infaltables pujas ideológicas entre dos corrientes de pensamiento que confrontan todo el tiempo. Freddy vino con mi cortado liviano y la frescura de la juventud. Sólo para cortar el clima de guerra abierta que se disputaba en nuestra mesa, mencioné el triunfo de nuestra selección de fútbol ante Alemania. Y como no podía ser de otra manera, en un país futbolero, cada uno emitió su opinión. Daniel dijo: “Yo mucho no entiendo, pero haberle ganado a los teutones en su casa no es cosa de todos los días”. Bernardo, que venía embalado, pero por otros asuntos respondió a Daniel. “Claro que no es cosa de todos los días porque juegan una vez cada tres o cuatro años. Pero si van a jugar así, mejor que se vuelvan antes de llegar a Sudáfrica”. Omar, quien siempre operaba estas cuestiones desde la ironía, metió púa y dijo: “Nosotros siempre vemos el “Otro lado de las cosas” como aquel viejo locutor que tenía una columna radial con ese nombre y se llamaba Ferreira Baso. Hace unos días cuando con jugadores locales se le ganó a Jamaica, que no representa demasiado en fútbol, es cierto, pero un triunfo es siempre bienvenido, los periodistas deportivos insistieron que estos partidos no eran útiles y menos con selecciones de tan bajo nivel. Pero ayer escuché a los mismos tipos minimizar nuestro juego frente a una potencia en este deporte y en su propio país. Aquí los únicos que tienen la cucarda puesta son los brasileños, todos los demás vamos por el segundo puesto”. Omar concluyó y por primera vez Bernardo y Félix se pusieron de acuerdo y dijeron al unísono: “¿Por qué no te vas a vivir a Copacabana y te ponés una pizzería en Ipanema, sólo para ver si encontrás a la afamada ‘chica’?”. José chasqueó los dedos y pidió otra vuelta, pero le aclaró a Freddy, “sin “abacaxi” (ananá en portugués) y acercate, que esto se va a poner bueno”.