Fin del viaje

Febrero llegaba a su fin dejando el sello de las torrenciales lluvias. Fueron tan copiosas que dejaron expuesta la carencia de obras hidráulicas para que el agua escurriera convenientemente. Sobre la Ruta 8, a la altura de El Remanso y el Parque Exaltación varios días después se pudo ver la extensión de los charcos, casi lagunas, y la dificultad del agua para encontrar las vías de escurrimiento. Por otra parte, el agua carcomió en esos barrios las superficies de las calles y dejó profundos pozos difíciles de esquivar.
La redacción había vuelto a la «normalidad» y se incorporaron los «cagatintas» faltantes (la expresión es de estirpe sarmientina). Gregorio Galli, que recorrió buena parte de nuestra América latina llegando hasta Venezuela, volvió hecho una piltrafa humana. Padeció las consecuencias de la juventud: viajar o comer… y tomó la primera opción. Pero como él dice: «¿Quién me quita lo bailado?»  Y agregó: «Mi madre, que es una santa, me estuvo alimentando estos días con tortas de chocolate y nuez y ya recuperé parte del lastre perdido» . Todos nos reímos del asunto, pero festejamos su regreso. También Crates había realizado su regreso triunfal y para comprobarlo basta leer su columna de opinión sobre el menú para las escuelas del Distrito sobrecargado de hidratos de carbono, pero carente de proteínas cárnicas, una vergüenza para un país productor de las mejores vacas del mundo. Si bien por ser la última semana de este mes vacacional por antonomasia, nuestro medio tenía suficiente información, pero nos aprestábamos a ingresar al período más prometedor del año. Y las pilas de cada uno parecían suficientemente recargadas.
Camino al Café de los Jueves pensé sobre una información de nuestro municipio y las tasas que deberemos atender y pagar. Resulta que por un error a los terrenos baldíos a los que debía aplicársele un veinte por ciento de aumento, se les envió la boleta con sólo el diez. E imaginé que muchos de los propietarios de esos lotes, que hoy están edificados, no advirtieron en su momento solicitar los derechos de construcción, presentar los planos respectivos ante la autoridad municipal y obtener el certificado de  final de obra, para que la Provincia cobre el impuesto inmobiliario. Recordé que hace unos días se había firmado un acuerdo entre las autoridades provinciales (ARBA) y la Municipalidad para corregir y poner en caja toda esta cuestión de hacernos cargo de lo que adeudamos si así fuese. Pensé en esto porque estaba convencido que si las políticas son aceptables debemos hacer nuestro aporte y comprometernos. Si queremos a nuestro Partido no podemos estar al margen de participar en sus mejoras con el pago de nuestros impuestos. Seguramente cada reclamo tendrá otro peso si lo avalamos con las boletas al día.
José, Bernardo, Omar, Daniel y Félix estaban ubicados en la terraza del bar, pero miré con atención si Freddy  estuviera de regreso. Y sentí su voz que me hablaba a mi espalda. «Ya le traigo su cortado liviano», dijo Freddy con su amable sonrisa y un tostado caribeño envidiable. Le dí un abrazo como lo hubiera hecho con mi hijo. «Te espero en la mesa», dije y me acomodé a la diestra de José. Bernardo arremetió y dijo citando a Borges: «Los peronistas son incorregibles».  Me pateó por debajo de la mesa para advertirme de la chanza a Félix. Félix tenía la expresión de satisfacción de los que saborean la venganza. Nadie decía nada, pero todos esperábamos cómo Félix resolvería la provocación. Se acomodó, bebió un trago de su copón de cerveza y dijo: «Los años de ejercicio del poder enseñan. Ningún otro partido tiene el entrenamiento y la cintura que este acredita; de modo tal que nos tendrán que conceder, al menos, esa virtud. Si la oposición se detuviera un momento a ver cómo se ejerce la autoridad, quizás aprendería algo. Pero sólo pone piedras en el camino; camino por donde pudieran ellos mismos tener que transitar. Ni siquiera advierten eso. Las minas que están colocando sobre el terreno, en la cabeza de playa, será la misma playa donde deberán tirar la lona y clavar la sombrilla. Si pensaran un poquito acentuarían una humildad enriquecedora. Pero no, siguen de torpeza en torpeza. Utilizan un lenguaje poco adecuado. Creen que esta es una democracia europea y parlamentaria y perdieron de vista que nuestro sistema es presidencialista. En fin, que sigan participando».  Y concluyó: «Freddy, más cerveza y otra ronda para mis amigos».  Sí, pensé, todo ha vuelto a la normalidad.

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