Del repertorio de frases célebres que pululan en Internet, contribuyendo a que quien las use saque falsa patente de culto, rescatamos dos que entendemos no sólo ingeniosas, sino también útiles. La primera es de Mark Twain: «Hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas». A su vez, George Bernard Shaw decía: «La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo ninguno, los dos tenemos uno». Tan preocupados estamos –o por lo menos lo está la clase política– por el INDEC cuya credibilidad fue arrasada por Guillermo Moreno y sus barrabravas, que hemos venido postergando la objetiva ponderación de algunas estadísticas que suelen usarse como armas arrojadizas, sin tener en cuenta otras referencias que las de sus propios números.
Hace bien la concejal de FE Paula Faure en pedir información sobre la mortalidad infantil en nuestro Distrito. La sola muerte de un recién nacido –y sobre todo si resultara evitable– es suficientemente dramática como para que el poder político tome cartas en el asunto. La edil opositora intuyó que detrás de una información publicada por cierto medio gráfico de la zona habría un tema que requeriría la prioritaria atención de la administración local, que por otra parte es titular del único sistema público de atención a la salud del que disponemos en el Partido. Pero quizás no haya evaluado de modo suficiente la validez o significación que tienen las cifras publicadas, aún soslayando el grueso error cometido por quien las transcribió (sostenía que el índice de mortalidad infantil en nuestro medio alcanzó en 2009 el 16,2 por ciento, cuando sería el 16,2 por mil).
La realidad es que Exaltación de la Cruz forma parte de la denominada Región Sanitaria V de la Provincia de Buenos Aires, en la que viven 3.135.000 personas. Nuestra población exaltacrucense sólo representa menos del uno por ciento de esa cantidad. En dicha Región se han producido el año pasado algo más de 11 fallecimientos cada mil niños menores al año de edad, que es el período considerado estadísticamente, mientras que entre nosotros el índice es superior: el 16,2. Lo concreto es que de los 618 niños nacidos en 2009 en nuestro Distrito se produjo el deceso de 10. ¿Esto es alarmante?
Aquí resulta indispensable considerar las estadísticas en sus justos términos. Si en una población de 28.000 habitantes, con algo más de 600 niños nacidos, como es nuestro caso, 10 fallecimientos suponen ese índice de 16,2, si se hubiera producido uno menos el índice hubiera descendido al 14,5 y de haber sido dos menos, el porcentaje se reduciría al 13 por mil. Por supuesto que no sucedería lo mismo si sucediera lo mismo en el conjunto de toda la Región V.
Pero hay otros datos que también deben considerarse en la pequeña muestra que representa nuestro Partido. Según fuentes médicas locales, siete de esos diez decesos eran inevitables, circunstancia detectada durante los respectivos embarazos. De haberse producido esos siete abortos –a lo que se negaron sus gestantes– desconocemos si los mismos hubieran formado parte del índice citado.
El titular de un periódico o la explicable preocupación de una concejal no pueden llevarnos a una conclusión que altere en lo más mínimo una realidad de la que los argentinos deberíamos ufanarnos. En el conjunto de los países del mundo Argentina ocupa el lugar 134 en orden a los índices de mortalidad infantil. Lo duplican, por ejemplo –por citar a países próximos– Brasil y Paraguay. Ni qué decir de la mayor parte de los países africanos, encabezados por Angola, que registra 180 fallecimientos por cada mil niños nacidos. Un drama que tampoco debe resultarnos ajeno, aunque no sea el Concejo Deliberante de Exaltación de la Cruz donde debiera debatirse. Pero no les demos ideas a nuestros concejales…