La Semana Ya

El factor humano

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Saben ustedes cuál es la primera y mayor causa de muerte?”, preguntó Daniel a todos los que estábamos en la mesa del Café de los Jueves, con suspicaz acentuación estadística, como buen profesor de matemáticas. “Seguro que una boludez”, respondió Bernardo, quien conocía muy bien las aventuradas especulaciones de Daniel. “Según se vea, sí. Pero es más simple: la vida”. Bernardo meneó la cabeza en señal que había acertado con su vaticinio. “De modo tal que cualquier otra estadística viene después”, agregó Daniel para intentar desarrollar una hipótesis: “Así, si son causas cardiovasculares, cancerígenas o accidentes viales, son solo cuantificaciones posteriores, que a fuerza de ser repetidas, nos previenen y convencen, no sabemos bien de qué. Como pudimos informarnos estos días, a través de los grandes medios de comunicación, varios accidentes de tránsito, con muchas víctimas fatales, repetidos hasta el hartazgo, rayando la obscenidad y el morbo, nos alertaron sobre el peligro que suponen los grandes camiones que transitan nuestras rutas y los factores humanos como elemento central de los trágicos desenlaces. Otra obviedad puesta a circular sin ponerse colorados. De qué otro factor se podría hablar que no fuese el humano, ¿acaso los naturales como los tsunamis o los tornados? Claro es que sobre estos últimos no tenemos dominio alguno y nos resignamos, aunque ya hay quien zapatea preguntándose si los sismógrafos no pudieron advertirnos con suficiente anticipación para ponernos a cubierto. Sin embargo, el factor humano es siempre una buena excusa para la polémica y el cuestionamiento a las políticas y los políticos de turno. Si, acaso, un ‘sacado’ ingresa a la guardia de un hospital y apuñala a otro, como las cámaras instaladas hoy en cada guardia y en cada lugar por donde transite nuestra vida, nos muestran y fueron reiteradas por los noticieros centrales con inusitado sadismo, casi casi, como un acelerado curso de cómo debemos proceder si alguien osa propasarse con nosotros, es un alentador motivo para armar mesas redondas para convocar a cuanto profesional experto, vestido para la ocasión, despache a gusto una serie de estupideces, que como pasivos telespectadores deberemos aceptar sin derecho al pataleo. Esta Semana Santa y conmemorativa para la grey católica evoca otro factor humano, como fue la incomprensión de los poderosos romanos de entonces para deshacerse de un tipo, que con sus ideas y discursos extraños para la época, los ponía en un gran aprieto, porque arengaba a una única sumisión por arriba de los Césares”. Daniel prosiguió con su disertación de buen profesor frente al alumnado, que veníamos a ser todos nosotros. “Hasta no hace mucho y aún ahora, algunos medios titulan, ante un crimen de características más o menos atroces, como un comportamiento inhumano para describir al autor de tamaño despropósito o los califican de ‘animal’ o ‘animalada’ al fulano y al hecho, como elegante manera de poner en otro sitio algo que nos pertenece por derecho propio. ‘La Historia nos trasmite determinadas lecciones’, aseguran, de tanto en tanto, algunos ilustrados personajes con derecho a micrófono o pluma calificada, pero nada dicen que esas lecciones, que la historia nos comunica, no son otra cosa que la interpretación de la subjetividad como factor humano, que requiere, de igual modo, de nuestra propia subjetividad interpretativa, también como factor humano”. Daniel hizo una pausa y nos miró con desconcierto, como quien se pregunta si los otros estarán comprendiendo sobre lo que uno expresa. Bernardo, con pícara malicia, preguntó: “¿Cuál es la anécdota?”. Daniel, con expresión resignada, dijo: “Jamás se sabe con certeza dónde nos lleva el curso del pensamiento. Se conoce por dónde se comienza, pero no dónde llegaremos. Después de todo, no hay manera de escapar al factor humano, pero la conclusión posible podría ser esta: qué énfasis o qué acentuación adoptamos cuando nos referimos a las causas y efectos de nuestros comportamientos, cuál es nuestra capacidad para sortear indemnes sus efectos y si acaso somos suficientemente honestos para poner las cosas en su lugar”.

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