A los grandes problemas que aquejan a la humanidad, se le ha sumado ahora otro, el cambio climático global, que está afectando a nuestro planeta y amenazando a todos nuestros pueblos.
La mayoría de los bonaerenses habrán escuchado alguna vez los problemas del cambio climático, las emisiones del efecto invernadero y de la necesidad de proteger a nuestro planeta. Si alguien cree que este es un tema ajeno a nosotros, se equivoca. Esta situación llegó a nuestro país y se siente en nuestra provincia, prueba de ello son las intensas sequías y las fuertes lluvias registradas en los últimos años. Esto es un tema urgente que nos convoca a todos como habitantes de este planeta. Es un problema que tiene nuestra casa, el mundo en donde habitamos millones y millones de hombres y mujeres.
No solo estoy planteando un desafío técnico, político y económico social. Esto es mucho más, es un desafío de la vida, de nuestro futuro y el de nuestros hijos, un compromiso con la humanidad, y con nosotros mismos.
El calentamiento global y el desorden climático que este genera encuentran una de sus principales causas en la emisión de gases provenientes de la combustión de fuentes de energía fósil, que provocan los denominados «gases de efecto inverna-dero». El Protocolo de Kyoto establece que, luego de su ratificación, las naciones desarrolladas deberán reducir las emisiones de estos gases.
Forestación, parte de la solución
Desde la provincia de Buenos Aires, estamos convencidos que utilizar el desarrollo de masas forestales como almacenamiento de carbono es una de las formas posibles de afrontar el cambio climático. Los árboles son, junto con el plancton oceánico y las turberas, los principales depósitos o sumideros naturales del planeta. Absorben dióxido de carbono y devuelven oxígeno a la atmósfera. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación ha estimado que con la disminución de la deforestación y el aumento de la repoblación forestal se podría compensar en un 15% las emisiones de carbono producidas por los com-bustibles fósiles en los próximos 50 años.
Como parte de nuestro plan Provincial de Forestación, comenzamos a plantar 100 mil árboles de especies nativas, una forma concreta de contribuir con la revalorización del patrimonio ambiental y cultural de nuestra provincia en parques, paseos, márgenes de rutas, y caminos y zonas rurales. La forestación con flora nativa también es importante para la concientización y educación ambiental y adquiere relevancia social. Desde el punto de vista ecológico, las especies autóctonas brindan alimento y refugio a la fauna autóctona, constituyendo corredores biológicos de importancia. Recuperar el paisaje original con especies como el algarrobo, tala, ombú, caldén, chañar, ceibo, sauce, molle, coronillo, espinillo y sombra de toro, entre otros, es un objetivo de gran relevancia para el ambiente y la sociedad.
En la provincia de Buenos Aires distintos estudios propician posibles programas de forestación para incorporar en las actividades productivas al sector forestal-industrial. Sería posible crear varios polos foresto-industriales que potenciarían el perfil agro-industrial y contribuir a la mitigación de los efectos del cambio climático. Un estudio realizado acerca de la Captura de Carbono plantea que en Buenos Aires existen tierras de calidad para forestar 490.000 hectáreas, conformando cinco regiones con carac-terísticas propias. Con plantaciones nuevas, en un lapso de 15 años, el secuestro de carbono estimado en el estudio en consideración, asciende a más de 4 millones anuales de toneladas.
En igual dirección hemos creado la Mesa Forestal Provincial con representantes de universidades y del sector privado, destinada a elaborar una estrategia que permita absorber el carbono y compensar las emisiones de gases efecto invernadero a través de emprendimientos productivos.
A través de la forestación, desde la provincia de Buenos Aires nos sumamos a los esfuerzos globales por responder a la compleja problemática del cambio climá-tico, y a seguir promoviendo el equilibrio entre un crecimiento duradero y el cuidado del medio ambiente como política de Estado.