El alimento de la emoción


El fútbol es sin duda un juego emocional. Y el Mundial es su máxima expresión. Aún recuerdo el debut de nuestra selección en el Mundial 78’, cuando enfrentamos a Hungría. Estuve en los partidos de la primera face y antes de comenzar aquel encuentro un aficionado en la tribuna del estadio Monumental le dijo a un amigo: «Pellizcame a ver sino estoy soñando. ¡Un Mundial aquí en la Argentina!».
Eran otros tiempos, siniestros, cuando una gran nube negra cubría nuestra patria. Los Mundiales del 86’ y del 90’ –en los que ganamos el primero y fuimos subcampeones en el segundo– dejaron una emoción incontenible por la destreza de nuestros jugadores y la magia explosiva e inigualable de Maradona. Sin embargo, durante los cuatro mundiales siguientes, aún con jugadores de jerarquía, no obtuvimos los resultados esperados. Pero la mística se mantuvo intacta. Juega nuestra selección y la gente, aún quienes no son habituales «fanáticos» de este deporte, siente en la piel el escozor que provoca la emoción, quizás similar a la que se vivió hace apenas unos días en la fiesta del Bicentenario.
A media mañana, con el resultado puesto, la redacción se transformó en una tribuna bulliciosa. Había una energía desbordante y aunque faltaban completar algunas notas y Jesús maquetaba afanosamente, todos y cada uno portábamos una expresión satisfecha.
El Café de los Jueves estaba desbordante y embanderado y mis queridos amigos ya estaban ubicados cuando llegué al bar. Casi no se hablaba de otra cosa que no fuera fútbol. Omar dijo: «Salvo Argentina, Alemania y Brasil los demás equipos mostraron muy poco y el fútbol bien jugado brilló por su ausencia». «Estoy de acuerdo –dijo Daniel–, pero como se trata de un gran negocio, el hecho de haber aumentado a 32 los equipos para la ronda final, no garantiza grandes selecciones. El verdadero Mundial comienza en octavos, como se organizó hasta el 66´».
Bernardo se sumó al cruce de opiniones, pero fue algo más crítico: «Dos mil millones de dólares invirtió Sudáfrica sólo en los estadios donde se disputa el torneo. En Sudáfrica el deporte más popular no es el fútbol, sino el rugby y cuando finalice la contienda esas magníficas obras prácticamente no se utilizarán más que para mostrárselos a los turistas». «Bueno, pero es quizás la única manera en la que un país africano postergado esté visible en todo el mundo, aunque más no sea por dos meses», arremetió Félix. «La cuestión será no olvidar a los sudafricanos, sobre todo a los que viven en la más absoluta postergación y que la FIFA, que hace pingües ganancias, ponga algunos dinerillos para otros desarrollos menos espectaculares pero más equitativos para la gente», agregó Bernardo. José ironizó: «No esperen nada de los dueños de este juego, porque su lema se reduce a tres letras, TPM: Todo Para Mí». Omar le dijo a José: «Por favor, querido tanguero veterano, no me amargues el día. Esto va para vos también Bernardo». «¡Ah! Claro, nosotros ganamos dos partidos y ya se nos solucionaron los problemas –argumentó Bernardo–. Vos sos de los que quieren la pizzería llena y todo está bien». Omar frunció el ceño y dijo: «Argentina atraviesa un momento estupendo más allá de las contingencias particulares o agonías propias de cada uno de nosotros. La Corte Suprema puso en vigencia la Ley de Medios con una exposición brillante y la maniquea información monopólica deberá ceder paso a otras voces. El crecimiento de la industria y la formidable cosecha aseguran la reconstrucción del mercado interno y la posibilidad de seguir acumulando reservas. Hace falta ir por la renta financiera y puramente especulativa. Es mérito de esta gestión, aún llena de errores y maneras por corregir. Pero ni el Bicentenario y los magníficos festejos son atribuibles sólo al Gobierno, sino principalmente a la alegría de la gente por participar, más allá de sus preferencias políticas. Si ganamos el mundial no faltará quien crea que al equipo lo armó Cristina. Pero así somos nosotros. Lo dirán despectivamente, así como algunos desean que nuestra selección pierda, porque les molesta la algarabía y esa sensación de bienestar. Nos toman por idiotas, porque creen en el voto calificado que ellos piensan que poseen. Cada argentino, en el cuarto oscuro, elegirá a quien represente su sentir y por otra parte un país alegre funda esa satisfacción en cierto bienestar, hoy palpable. Todo está por hacerse, pero lo haremos mejor si metemos nuestras manos en cada tema y no perdemos la alegría, como ha dicho Correa, el Presidente de Ecuador».
Freddy llegó con otra ronda y todos brindamos por las sonrisas de hoy, porque ya se sabe que en cuestiones futboleras, pueden ser las lágrimas de mañana.

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