Días de Vino y Rosas


“Febrero no tiene días feriados, pero en época de vacaciones uno tiene la sensación de
que todos los días son asuetos” dijo Daniel, uno poco para iniciar una conversación, ya que todos nos manteníamos silenciosos, y como forma o manera de aceptar que el periodo de licencia había concluido. Omar, cuyas vacaciones habían sido por demás breves, ya estaba decididamente incorporado a su negocio y la actividad le provocaba una energización adicional. Bernardo, en cambio, ya que había dado las hurras a toda actividad laboral y vivía de su jubilación y otras menudencias, se mantenía sereno y muy dispuesto a ver pasar la vida. José se emparentaba en ese punto con Bernardo pero su pasión por el tango lo mantenía más activo. Félix seguía su actividad a pleno, pero su hobby era la política y aseguraba a quien quisiera escucharlo que “A mayor edad son pocas las cosas que a una persona, razonablemente, le puedan interesar” Bernardo siempre lo gastaba en este punto porque argumentaba que “Así huyen los que aceptan pasivamente las declinaciones físicas” En eso estábamos cuando llego nuestro pedido de manos de una jovencita extremadamente bella. Félix, solo como manera de confrontar con Bernardo dijo “Nena, por favor, servime por este lado”, indicándole con su mano su lado derecho en la mesa, al tiempo que le preguntó su nombre, agregando “Para no tener que decirte nena, ya que me hace más viejo—-aclaró—. La joven sonrió y dijo “Andrea”. El Café de los Jueves estaba a pleno y nosotros disputaríamos alguna que otra idea. Daniel se metió de lleno en el tema y dijo “Para la cultura árabe la declinación sexual es casi la muerte”. Bernardo agrego a modo de interrogación “Pero qué, acaso para la occidental no es lo mismo” José escuchaba con atención, palpitando un desenlace jocoso e introdujo un viajo axioma “Toro viejo busca pastura tierna”. “Exactamente—exclamó Bernardo, y se preguntó—porqué” Y se respondió “Porque la dentadura postiza no permite nada que no sea suave y fácilmente digerible” Había comenzado el tiempo de la chacota. “Lo que pasa—dijo Félix—que esto lo escuchamos muchas veces, de nuestros mayores, pero nunca creímos que un día llegaría, también, a nuestra vida. Cuando se es joven y se esta repleto de fuerza, potencia y vigor, los viejos no saben nada. Pero como alguien mencionó con acierto la juventud es una enfermedad que se cura con los años” Mientras escuchaba cada versión y cada punto de vista respecto al tema en cuestión pensé en los amores otoñales. Lo primero que me vino a la mente fue una vieja película que se llamo aquí “Verano del 42” dirigida por Robert Mulligan. El argumento muestra a un pre adolescente secretamente enamorado por una mujer que vive en una casa de la playa. Ella esta casada con un soldado que esta en el frente de combate. El jovencito la ayuda con los mandados con servicial diligencia, propia del embelezo del amor. Pero la guerra se cobra la vida de su marido y por correo le llegan la notificación y las pertenencias a la ahora viuda. Es una mañana de verano, y nada hacía premonizar el dolor de la pérdida. La confusión del joven se entrelaza a la feroz angustia de ella y el resultado es tan eficaz como previsible: El adolescente se convierte en escritor. Y otro film’s, Venus de 2006, dirigido por Roger Michell e interpretado por el brillante actor ingles Peter O’toole, Richard Griffiths y Vanesa Redgrave. El personaje que interpreta O’toole conoce a la sobrina nieta de su amigo y también actor, jubilados ambos, una joven imperativa que quiere pintar e ingresar al mundo del arte sin más experiencia que la arrogancia de su juventud. Su tío abuelo no soporta sus desplantes pero O’toole, que mantiene las pasiones juveniles dentro del campo imaginativo la alberga con el propósito de enseñarle Londres y obtener, aunque solo sea su irritante compañía. El desenlace bien vale una carrera hasta el video club más cercano. La inteligencia, la sensibilidad y la ternura no son patrimonio solo de los jóvenes. Es el atributo de los entrenados para tales fines. Pensé en los nutrientes de la juventud, tan gratos a los que ya no lo somos.  Pensé, así mismo,  en el amor construido en largas jornadas de placer y querellas. Y recordé lo que me dijo un amigo un día de añoranzas y copas. “Tu mujer es esa, quien duerme a tu lado cada noche”

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