La Semana Ya

Descubriendo el sol

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“Aunque no lo veamos, el sol siempre está”, tarareaba Omar en la lluviosa tarde del Café de los Jueves, cuando ya estábamos sentados en nuestra mesa del bar. “Hace más de dos semanas que no aparece en el horizonte, y si está, pero no se ve, es como si no existiera”, agregó con fastidio Omar. “Tengo toda la ropa húmeda y ya no me quedan ni calzones para ponerme”, dijo José, que vive solo y desconoce los lavarropas, secarropas y toda tecnología propia del lavado. “Dejame a mí con mi tabla de lavar y el jabón federal, que así lavaba mi vieja y siempre estaba todo bien limpito”. Bernardo comenzó a reírse. Dijo: “Este retuerce a mano. Pertenece a plioceno. Es de los que pasan los ñoquis por el tenedor para darle la apariencia propia del ñoqui. Desconoce la multiprocesadora, el microondas y todo utensilio de cocina que haya sido inventado el siglo pasado”. “Si claro, usted, estimado Bernardo, los conoce muy bien porque su mujer los utiliza, porque si fuera por usted y sus habilidades caseras seguramente estaría viniendo a vivir conmigo”, retrucó José. “Es posible –replicó Bernardo, quien estaba de excelente humor–, pero me gustaría saber, para poder considerar esa posibilidad, si tiene plancha a carbón o eléctrica”. A esta altura todos nos reíamos por la enumeración de los objetos domésticos pasados de moda. Omar se sumó a la charla y aseguro que José “aún tiene la Spika y se va a dormir con ella”. “Es verdad –respondió José–, y la llevo de aquí para allá. ¿Y qué?”, desafió. “¿Tenes plasma? –le preguntó Daniel–. O también desconoces de qué se trata”. “Estoy veterano, pero no soy tan tonto como ustedes imaginan, pero para lo que hay que ver me basta mi televisor de veinte pulgadas”, respondió José. “Este aún tiene un televisor a válvulas”, continuó Bernardo con las chanzas cuando ya todo se había convertido en chacotas y risas. Félix, sempiterno defensor de las causas perdidas, salió en defensa de José. “Déjelos amigo, mientras conserve su espíritu crítico no tiene ninguna importancia estar al día con la modernidad”. “Le agradezco compañero –respondió José con una fingida empatía–. Para demostrar lo que usted afirma les diré que voy a crear una carrera corta, luego de una larga observación y una tenaz reflexión. ‘Evaluadores de esféricos’ llevará por título y está relacionada con el deporte. Si observan con detenimiento verán que los futbolistas aprietan la pelota, cuando sacan un lateral o el arquero mismo cuando la tiene en sus manos y comprueban si esta tiene la cantidad de aire requerida por reglamento. Si no es así, se la alcanza al árbitro para que verifique el esférico y lo haga cambiar. En tenis pasa algo parecido. Los singlistas masculinos se hacen alcanzar varias pelotas y descartan aquellas que no los convencen por su dureza o lo que sea, porque no se entiende muy bien qué evalúan si las pelotas son nuevas. En cambio, las tenistas femeninas no toman dos como hacen los caballeros y mucho menos las aprietan para comprobar nada. Es cierto que los hombres necesitan las dos pelotas, pero a las ninfas, como no tienen bolsillos en sus polleras, les basta con una. Asimismo, los hombres pegan fuertes raquetazos, pero no gritan ni exclaman nada, sino cuando ganan un punto, en cambio ellas parecen tener un orgasmo cuando le pegan a la pelota. Esto me ha llevado a pensar en casi todos los juegos que requieren de una pelota. El fútbol, tenis, golf, básquet, criquet,´snoker´ o pool, incluso el rugby, que aunque es ovalada y se la llama guinda, en casi todos los deportes hay que meterla en un agujero, tronera o llegar a la meta como en el rugby y apoyarla detrás de la línea. Y fíjense que solemos destacar los goles, en fútbol, cuando la pelota ingresa lo más cerca de los ángulos, ya que si la pelota entra mansa por el medio del arco pensamos en lo tonto que ha sido el gol. En básquet se premia con tres puntos si embocas desde fuera del semi círculo, porque merece premiación adicional la distancia. Embocarla de lejos supone gran puntería y gran alcance. No es poca cosa. En golf se premia también lo que se conoce como ‘hoyo en uno’. En algunos torneos hasta te dan un automóvil. Claro que fuera del deporte hay veces que un ‘hoyo en uno’ te cuesta un automóvil. ¿Por qué el gol de Maradona a los ingleses está considerado el mejor gol de los mundiales? Muy simple, porque se tiene en cuenta la cantidad de obstáculos superados para, finalmente, introducirla en el arco. De los goles tontos no se acuerda nadie. Sino que me digan quién se acuerda del segundo gol de Alemania en el mundial de 1974 cuando le ganaron a Holanda, que era el mejor equipo de aquel torneo. La mayoría de los deportes fueron creados por los ingleses y me imagino qué picnic se haría hoy, si viviera, Sigmund Freud”. Bernardo, con cara de sorpresa, dijo: “Seguí con la plancha de carbón estimado amigo”.

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