Cerebros y estiércol


Cada cuatro años se disputa el campeonato mundial de fútbol para determinar qué equipo, representante de un país, es el mejor seleccionado en este deporte. Pero también, hay que decirlo, para que una cantidad indeterminada de imbéciles, a través de los medios de comunicación, manifiesten las torpezas más exasperantes», dijo José, quien por lo general se mantiene menos participativo en nuestra mesa del Café de los Jueves. Luego agregó: «Cuando en el Mundial de Suecia 58´ perdimos con Checoslovaquia 6 a 1, la repulsa que padecieron grandes jugadores como Amadeo Carrizo, el fenomenal arquero de River, aún la recuerdan, él mismo y los que se mantienen con vida. Pero Checoslovaquia fue finalista del Mundial 62´ en Chile, es decir cuatro años después. He escuchado en estos días los disparates a que nos tienen acostumbrados cuando se pierde. Cuando en el 93´ perdimos contra la selección de Colombia 5 a 0 apareció en un programa político que conducía Bernardo Neustadt, José Sanfilippo, un ex jugador y goleador de San Lorenzo y Boca, para fustigar al arquero Goycochea y fue suficiente para ´ganarse´ el título de periodista y ser convocado a polemizar toda vez que se lo requiera. Aún suponiendo que represente un papel sólo por dinero, o justamente por esa razón, se ha convertido desde entonces en un personaje despreciable que, por otra parte, nunca ganó nada a nivel internacional. Ha hecho escuela. Y hoy muchos conductores de noticieros televisivos o radiales sostienen que si no se gana todo es un fracaso. Lo llamativo de este asunto es que conducen programas centrales, pero opinan incluso sobre lo que no saben. Trasmiten funestas ideas desde el desconocimiento más absoluto. Hablan de ´directores técnicos´, actividad, profesión u oficio que no existe, al menos no en el terreno deportivo. Son sólo seleccionadores y en todo caso estrategas. Cuando era niño mi padre me decía que ´Es más difícil saber perder que saber ganar´ y yo no entendía y me preguntaba: ¿Cómo iba ser posible esa afirmación? Con lo años comprendí que aceptar que ´el otro´ con quien te enfrentás tiene las mismas ilusiones y deseos, y que los va a oponer a los tuyos tan intensamente como intentarás hacerlo. Cada generación de deportistas tiene que atravesar la experiencia de perder en el campo de juego, porque las derrotas de hoy pueden ser las victorias de mañana. Pero justamente en el fútbol no existe el principio lógico y es razón suficiente para hacer de este deporte el más apasionante. Desde 1930 hasta este año se disputaron 19 torneos mundiales y los brasileños, que son los más dotados en este juego, ganaron cinco de ellos, pero no todos los campeonatos. Algunos descerebrados dicen, en estas horas, que en la etapa de clasificación ´no le ganamos a nadie´. Son los mismos que se alegraron cuando el sorteo nos puso en una zona ´accesible´. Inventan pleitos y los sugieren aviesamente entre los ´titulares´ y los ´suplentes´. Piden la cabeza de Maradona, quien mayores alegrías nos ha dado en su etapa de jugador, porque no soportan su ´insolencia´. Utilizan esos espacios televisivos para dirimir cuestiones personales; sus envidias más latentes. Pasman, por ejemplo, responde directamente a la pelea entre los dueños del Multimedio Grupo Uno, que preside Vila, Manzano y De Narváez, que se ven afectados en sus intereses por la Ley de Medios y el ´Fútbol Para Todos´, de modo tal que ningún comentario que haga tiene un mínimo de objetividad. Otro tarado que hace lo propio es Eduardo Feinmann, que demuestra un encono incomprensible con Maradona y se rodea de chupamedias que le hacen el juego. Les cuento una sóla anécdota de este formidable ignorante. Hace dos años, poco antes que la selección nacional de básquet disputara los Juegos Olímpicos, compitió como preparación previa contra la selección lituana y perdió. El comentario de este energúmeno fue el siguiente: ´No le ganamos ni a estos desconocidos. Así nos irá después´. Por lo bajo alguien le recordó que los lituanos son potencia en ese deporte junto a los norteamericanos, los rusos, los ex yugoslavos y los chinos, entre otros. De hecho la selección lituana disputó las semifinales de esos Juegos. Ahora bien, me pregunto quién los pone allí. Porque debo suponer que alguien se gana un lugar por mérito, por conocimiento, por agudeza crítica o destacados valores intelectuales. Pero parece que sólo hay que ser serviles a sus patrones y es más que suficiente para tener la oportunidad de decir cuanto queramos. En fin, me voy a bailar unos tangos para sacarme la calentura que me genera tanto imbécil que circula por allí». Y José saludó con mucho respeto y se marchó. Bernardo le preguntó a Omar cuánto había caído la venta de pizza y Omar dio una respuesta de culto: «Aumento el expendio. Me las compré todas yo». Daniel hacía pequeños bollos con los envoltorios de los alfajores y Félix, que se había mantenido en silencio y comía manís y los contaba de a cuatro, dijo con una pronta animación: «La inteligencia escasea, pero la estupidez es fenomenalmente abundante. Lo que desconcierta y acuerdo con José, es que uno se los lleva por delante en los lugares donde debería suponerse que no los hay». Pensé que después de todo nadie nos escamoteará lo vivido durante los días de gloria deportiva y mucho menos quienes por mal amamantados tienen el cerebro lleno de estiércol.

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One Response to Cerebros y estiércol

  1. Jose

    Hay mucha verdad en esta nota, lamento, que esta nota tambien se escribe con el mismo matiz que lo hacen los grandes grupos, si no estamos de un lado estamos del otro, pero no el de expresar una simple opinion o punto de vista. A mi maradona como tecnico nunca me gusto, ni como ejemplo de la vida, como jugador y de la seleccion fue hasta hoy el mejor….. pero cuando argentina clasifico merecio todo mi apoyo, hoy no quiero que siga, pero no voy hacer leña del arbol caido………

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