El lunes pasado y pese a la inclemencia del tiempo, afanosos obreros comenzaron a colocar señales en las proximidades de la fatídica rotonda de la Ruta 6 en su intersección con la Avenida Belgrano, de ingreso a Los Cardales. Al día siguiente ya lucían en sus respectivos emplazamientos advirtiendo a quienes circulan por la transitada ruta sobre la existencia de la mal diseñada rotonda, en la que se han venido produciendo decenas de accidentes, muchos de ellos de consecuencias fatales. Para que esto haya sucedido, podemos imaginar la multitud de trámites burocráticos que debieron cumplirse hasta que el «mandamás» de turno haya dispuesto que se hiciera lo que el sentido común imponía. Mientras tanto quedaron en el camino decenas de vidas. Los tiempos de la burocracia suelen atentar contra la seguridad de las personas, tanto física como jurídica.
También imaginamos que en este mismo momento se están considerando medidas conducentes a mejorar las condiciones del pavimento de dicha ruta, ya que es manifiesto que sus tempranas roturas dificultan la normal circulación y provocan accidentes a todo lo largo de su trazado. Seguramente ya se han elaborado variados informes sobre el particular que deben estar circulando por ignotas oficinas de las administraciones, provincial o nacional. Con suerte, cualquiera de estos meses –o años– alguien con competencia jurisdiccional y suficiente poder pondrá su firma para que se proceda a su reparación. Hasta entonces seguirán produciéndose accidentes evitables.
La construcción de la Ruta 6 fue adjudicada en su momento a distintas empresas; en el caso del segmento que discurre en el Partido de Exaltación de la Cruz, la concesionaria fue José Cartellone Construcciones Civiles S.A. Todas ellas parecen haber incurrido en similar defecto: el pavimento no ha resistido la circulación de camiones de gran porte, pese a que ello era absolutamente previsible y así se había considerado, produciéndose graves roturas en los 200 kilómetros de su recorrido entre La Plata y Zárate. Es evidente que los proyectos previos a la construcción no fueron los correctos o que no se utilizaron los materiales idóneos, bien sea en cantidad o calidad. Pero en uno u otro caso hay responsables perfectamente identificables. ¿Se ha iniciado contra ellos alguna acción legal o administrativa? El probable que también en este caso y por cuerda separada en algunos estamentos de las administraciones se encuentren numerosos funcionarios o asesores abocados a la evaluación de tales responsabilidades, como corresponde a nuestra pesada burocracia, que una vez más se impone al sentido común.
«La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa», afirmó Albert Einstein. Entre nuestra poblada burocracia, que además de probos funcionarios también incluye a «ñoquis» e ineptos amigos de políticos «dadivosos», parece haber demasiados de ellos dedicados «a ver lo que pasa», sin sensibilidad para advertir que, como dijera García Márquez, «La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir». En la Ruta 6 suelen ser bastante escasas.