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Alfredo Distéfano, del fútbol de Cardales para el mundo

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Aún hoy se debate sobre su condición de “mejor jugador del mundo”, e incluso hay quienes lo ponen por encima de Messi y Maradona. Su “destape” deportivo fue en el Unión Progresista, equipo con el que salió campeón en 1943. En la recopilación de Alberto Di Yorio, en esta nota se recuerdan a los hombres que hicieron grande al fútbol chico.

DISTEFANO CARDALES

Corría el año 1943 y desde 1940 se disputaban campeonatos de la liga norte, que aglutinaba a equipos de ciudades vecinas, como Capilla del Señor, Los Cardales, Zelaya, Mathew, Garín, El Talar, Campana, Escobar y Pilar.

El Club de Los Cardales “Unión Progresista”, fundado en septiembre de 1928, formaba parte de este campeonato, en donde competía bajo la modalidad de “todos contra todos”, en un certamen de ida y vuelta.

Después de los primeros tres campeonatos, desde 1940 a 1942, Los Cardales presentaba un equipo con pretensiones, con jugadores de 21 años de edad promedio.

Entre ellos figuraba Alfredo Distéfano, quien en su segundo campeonato cumplía apenas 17 años (debutó a los 16, mientras que su hermano Tulio lo hizo con apenas 15 años).

 

El equipo

 

El equipo, puesto en términos actuales, era compacto y tenía una sólida defensa.

Los memoriosos recuerdan a “Lito” Tártara en el arco, que contaba con 35 años de edad, y de sólida experiencia.

Como marcador de punta jugaba Armando Bozzani, padre del senador Ricardo Bozzani, mientras que con el número 2, lo hacía Pedro Gigena, un jugador expeditivo, seguro y un gran “tiempista”.

En la cancha, en la posición de número 6 jugaba “tito” Roveda, de capacidades sobresalientes, y quien dirigía la defensa y daba órdenes en el mediocampo, acciones que merecían los elogios de don Alfredo Distéfano, padre. Mientras tanto, en la posición de 3 ocupaba la cancha Rogelio Gigena, apodado “la alhaja”, cuya técnica despertaba admiración en la cancha, y en la platea.

El mediocampo era de Tulio Distéfano, hermano de Alfredo, y cuyas condiciones eran de un “estilo” inigualable, con la frente en alto y la pelota siempre en el suelo.

También en el medio de la cancha se destacaba la presencia de Jorge López, un gran “batallador”, mientras que con la camiseta número 10, uno de los hombres protagonistas de esta historia cardalera, y de la historia del fútbol mundial: Alfredo Distéfano.

Sumado a ellos, el club Unión Progresista ponía en la cancha a Atilio Di Yorio, quien jugaba por la punta derecha y hacía gala de un fútbol impecable, sobre todo por su condición física.

Di Yorio había sido sub campeón argentino de pelota a paleta, y quíntuple campeón provincial de esa disciplina, condiciones que se notaban en la cancha, particularmente en su rendimiento físico.

El equipo se completaba con Rosa Gigena, el líder, brillante jugador y, según las voces de aquella época, quien tenía 22 años al momento de ser reconocido como un goleador implacable.

El sistema de juego del club Unión Progresista era simple pero eficaz: Tito Rovera ordenaba el equipo de atrás para adelante, mientras que los hermanos Distéfano se ocupaban del balón en el mediocampo. En el centro la recibía generalmente Atilio Di Yorio, de allí a Rosa Gigena y, muchas veces, gol.

Los hermanos Distéfano entrenaban solos, en su campo de Río Lujan, a unos 5 kilómetros de Los Cardales, mientras se abocaban a las tareas rurales que le encomendaba su padre.

Vecinos memoriosos recuerdan que don Alfredo Distéfano solía llegar a los partidos en su carro, pero sus hijos lo hacían detrás, corriendo, como una manera de precalentar para el partido.

 

El campeonato

 

Las últimas dos fechas del campeonato se remontan a octubre de 1943. Escobar iba en la primera posición, un punto por arriba del Unión Progresista. En la anteúltima fecha, Cardales recibió en su casa a Capilla del Señor, en un clásico en que ambos equipos no regalaron nada: Empataron 1 a 1. En Pilar había ocurrido algo similar con Sportivo, que había empatado, aunque el partido incluyó pugilato y una que otra corrida, lo que ponía a Escobar casi en la situación de campeón.

El último partido lo iban a protagonizar el club Unión Progresista y “Boca de Tigre”, como se lo conocía en aquellas épocas a Escobar, en lo que iba a ser una final para cualquiera.

De movida Escobar salió a la cancha para cuidar el resultado, y eso se notó durante todo el partido. Sin embargo, faltando 8 minutos para el pitido final, afloró la chance para Unión Progresista.

Corner para Los Cardales, centro al área y una pelota envenenada que no paraba de rebotar. Endiablado, un defensor la quiso sacar el área y le pegó una bolea a cualquier lugar, para sellar el destino de “Boca de Tigre”.

La pelota dio en el cuerpo de Atilio Di Yorio, que había girado para cubrirse del zapatazo que propinó la defensa, sin pensar que el lateral de su humanidad iba a empujar la pelota dentro del arco.

Afuera de la cancha, unos 150 hinchas que habían viajado apretados, en tres camiones y en autos particulares, no podían creer la hazaña: Unión Progresista era campeón, demostrando que era “toro en su rodeo, y torazo en rodeo ajeno”.

 

Los Distéfano

 

La llegada de los hermanos Distéfano le dio al equipo un aire especial. Se había hecho un gran recambio de jugadores, algunos ya veteranos. Otros se habían mudado, y lentamente se alejaron del club.

En el año 1943, con el segundo campeonato de Alfredo Distéfano y el debut de su hermano Tulio, de apenas 15 años, hizo que ambos jugadores alternaran en la cancha, jugando de 8 o de 10, según las necesidades del equipo.

De carácter introvertido, Alfredo fue permanentemente comparado con Rosa Gigena, y hasta se generaban debates en torno a quién era mejor jugador. Sin embargo, pocas veces se tenía en cuenta que Alfredo tenía apenas 17 años, mientras que Gigena, 22 y varios en Primera.

La historia del fútbol grande para Distéfano se comenzó a tejer poco después del campeonato de 1943. El destino lo sorprendió almorzando,  en la mesa familiar, cuando su madre le dio la noticia.

“Llegó el telegrama. Está en la estación. Te llamaron de River, y tenés que ir a probarte”, dijo la mujer, sin saber que sus palabras serían el puntapié inicial de una carrera deportiva que ubicó a Alfredo Distéfano como el mejor jugador del mundo.

 

(Esta nota fue posible gracias a los testimonios que dejaron en la comunidad Atilio Di Yorio, Antonio Erice, Tito Roveda, Rogelio, Pedro y Rosa Gigena, como así también Alfredo Distéfano y Quique Pacheco).

 

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