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Información general

Raúl Sancho volvió a pedir por Molino Blanco

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El presidente del HCD se expresó a favor de la “habitabilidad del proyecto”. Se trata de 1400 lotes, del emprendedor Eduardo Helguera. Hay 50 familias afectadas, porque el desarrollador no hizo obras de infraestructura.

 

El presidente del Concejo Deliberante Raúl Sancho volvió a insistir con el reclamo por Molino Blanco, el proyecto inmobiliario de Eduardo Helguera que espera el visto bueno del municipio para que los vecinos puedan empezar a construir.

La idea de Sancho es que se apruebe una ordenanza que establezca la “habitabilidad del proyecto y destrabar así la posibilidad de que los vecinos puedan empezar a construir”, a pesar que algunos ya lo están haciendo, aún sin el visto bueno del municipio. Así lo reconoció Sancho: Hay una situación de hecho, que están construyendo, y hay otra de derecho, que es que no pueden construir”.

“Hay una procesión de vecinos que desde hace 4 años están de oficina en oficina para estar dentro de la ley”, contó Sancho, quien afirmó que “los vecinos ya están de acuerdo con Cepral por el tendido de la luz, pero necesitan que desde el municipio de el visto bueno”.

Así, según detalló el presidente del Concejo Deliberante, “se trabajó en armar una ordenanza que brinda las herramientas para que se pueda destrabar el tema, dado que hay cincuenta vecinos que están esperando una solución definitiva”.

 

Problema viejo

 

La historia de Molino Blanco no es nueva, y se remonta al inicio del proyecto, en 1976, cuando el desarrollador Eduardo Helguera puso en venta 1400 lotes de un campo contiguo a la Ruta 8, cuando la zona era netamente rural y el conurbano estaba a decenas de kilómetros.

Con precios accesibles y muchas cuotas, vecinos de la región e incluso de Capital compraron en Molino Blanco para hacer su casa de fin de semana, mientras que otros lo hicieron pensando en radicarse de manera definitiva en el lugar.

Sin embargo, los compradores no contemplaron que el desarrollador obvió un detalle: No hizo obras de infraestructura y no tramitó la llegada de los servicios, evitándose así numerosos costos que hubieran encarecido mucho más el valor de cada lote de Molino Blanco.

Con el paso del tiempo la presión vecinal creció y se le endosó al municipio el problema de infraestructura. Así, los compradores salieron a reclamar a la comuna las obras que no hizo Helguera, que sigue mirando la película como un espectador, sin desembolsar un peso y esperando que los impuestos de todos le resuelvan el problema.

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