[CONCEJO DELIBERANTE - OPINION]
Fue una constante en las tres primeras reuniones del año, pero algo tendrán que hacer para bajar la conflictividad. Los acuerdos que tendrán que llegar por el bien de todos.
«Nos tenemos que reunir para ver cómo hacemos el resto del año». El pedido lo hizo Adrián Sánchez, el presidente del Concejo, en medio de un cruce verbal durante la sesión del pasado lunes. Van tres sesiones (o simple reunión en algún caso) y en todas el nivel de enfrentamiento fue notable. Se trató de algo más que debates con vehemencia, que estarían dentro del normal ejercicio deliberativo. Hubo cruces descalificadores y acusaciones de politiquería, sobre todo desde el oficialismo hacia la oposición de FE.
El problema para el oficialismo es Andrés Aner. Su dialéctica. La mayoría, por los 7 votos incondicionales, la tiene asegurada. Pero es en el terreno discursivo donde está perdiendo y eso -a criterio de este cronista- le hace errar en la estrategia. Chocan sus concejales -siempre en lo discursivo-, pero frecuentemente con argumentos débiles. Y cuando se ven superados usan el recurso de la descalificación.
La oposición hace lo que le conviene, llevar el debate al recinto, único lugar institucional donde puede entablar la puja política. ¿Es de imaginar a un concejal opositor llevando un problema directamente a un funcionario para que lo solucione? Sería rarísimo que eso ocurriera en el marco de una oposición que tiene vocación de poder. Sí lo expondrá siempre en público, en el Concejo o ante la prensa, para hacerse notar.
Se trata de política. Es una competencia por el poder, constante, pero que exhibe resultados cada dos años en las elecciones.
Hay algunos concejales que tendrían que revisar el concepto de «política». Se escucha con frecuencia (acá y en otras partes) al oficialismo acusando a la oposición de «hacer política» con algún tema en particular, sobre todo con aquellos que revelan fallas de gestión gubernamental. «No hacemos política, nosotros trabajamos para la gente», es uno de sus flacos argumentos. Pero ¿acaso eso no es hacer política? ¿O es que no participa de las disputas del y por el poder?
Un politicólogo diría que la política está íntimamente ligada a las relaciones entre las personas; en cualquier ámbito donde hay relaciones de autoridad, influencia, poder, conflicto y diferencia de intereses, se hace «política». En el ámbito laboral, en la escuela, en el country o barrio privado, en una sociedad de fomento, en cualquier otra organización. Y, por fin, en el Estado y en la lucha por acceder al gobierno o continuar gobernando.
¿Hay política barata, politiquería? La política no tiene precio y no habría que calificarla así. Habría que reconocer que hay acciones políticas que pueden afectar mi interés y es lógico luchar para que ello no ocurra. Pero acusar continuamente a la oposición de «hacer política», como si se tratara de algo sucio o negativo, es desprestigiar a la propia actividad política (ahora sí, esa que tiene que ver con la legítima lucha por el poder). Y es socavar también las instituciones políticas, como el Concejo Deliberante, el lugar por excelencia para «deliberar».
Volviendo a los enfrentamientos vernáculos entre oposición y oficialismo, será difícil sostenerlos en el tiempo. Van a terminar perdiendo los dos, aunque ahora parezca más ventajosa la situación para FE. Adrián Sánchez tendrá que buscar puentes de convivencia, no para tener una oposición dócil, sino para no caer en el rechazo sistemático de los temas que presenta FE. La oposición, a su vez -y siempre desde la óptica de este cronista- tendrá que ceder en las formas de presentación de sus proyectos, para privilegiar su aprobación antes que la exposición pública, que de todas formas le llegará por añadidura. A cambio tendrá que recibir del bloque oficialista (y la gestión que defiende) un poco más de apertura para con la información que pueda requerir, cuyo ámbito institucional es el Concejo y no el despacho de un funcionario. No hay por qué esconder, sino hay nada que esconder.
Y después esperar que se debata, con respeto, en las comisiones (sin la «fastidiosa prensa») y sobre todo en el recinto (con la «fastidiosa prensa»), en público, porque «deliberar» es uno de los mejores ejercicios democráticos, en el que se sustenta y enaltece la política.